"Frida esparcía ternura como flores, sí, como flores. Una gran ternura, una ternura infinita"
Chavela Vargas
Isabel Vargas Lizano (1919), hija de Herminia Lizano y Francisco Vargas, nació en Heredia y fue criada en Guanacaste. Dio sus primeros pasos en la canción en Costa Rica pais donde nació y creció. La niña que nunca jugó con muñecas, se levantaba de noche a buscar serenatas, montar a caballo en pelo y mirar el río. Eran tiempos de prejuicios y miedo al qué dirán. Una noche no pudo ver su estrella. Enfermó de la vista y cuando iban a secarle los ojos con nitrato de plata la sanó un indígena; los indios -que también le curaron la poliomielitis- son, al decir suyo, los únicos seres puros que quedan.
Sin pelos en la lengua, Chavela habla en su autobiografía de una infancia infeliz: "A mis abuelos no los conocí y a mis padres más de lo que hubiese querido. Tuve cuatro hermanos y puesto que he de decirlo casi todo, lo diré: mis padres no me querían (..) Cuando mis padres se divorciaron me fui con mis tíos que Dios los tenga en el infierno". Partió a los 14 años sola y se identificó con el México de los años 50. Huía de los rumores en un pueblo que no entendía que una mujer usara pantalones y de un país que no supo, según ella, valorar su talento.
En México, desempeñó varios oficios "Vivía en una azotea de un edificio, bañándome en el baño de las criadas, vendía cositas y cantaba. Una señora me prestó un coche y pusimos una agencia de criadas, y yo, en el cochecito, llevaba a las muchachas a las casas y ganaba dos pesos por cada una", hasta que apareció la oportunidad que le hizo tropezar con la fama: el tema Macorina una canción de rebeldía del s. XVII con arreglos propios.
Eran épocas en las que paseaba con Agustín Lara, vivía con los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo y cenaba grandes dosis de tequila. Despojada, ataviada apenas con un poncho, abrigada en su propio decir, su voz recia recorrió el territorio mexicano y llenó los antros de la noche azteca: El Otro Refugio, El Blanquita, El Patio, La Taberna de El Greco. La biografía de Chavela Vargas es el itinerario de una voz anclada en las entrañas, es la historia de un corazón desgarrado y un temperamento que transgrede.

Llegaron los discos y melodías como La Llorona, Somos, Luz de luna o Canción de las simples cosas. Cuando la voz áspera de la ternura, "la Vargas", camina entre imágenes polvorientas de la revolución mexicana; entonando los corridos Juan Charrasqueado y Simón Blanco, las salas se vienen abajo.
Como ya he dicho antes, se codea con el compositor Agustín Lara, la poeta Pita Amor, el pintor Diego Rivera, el escritor Juan Rulfo, el cantante Pepe Jara. De todos, a quien más admira es a José Alfredo Jiménez. Un filósofo, piensa, que con sus canciones enseña a vivir; un artista que según ella abre mundos como el argentino Atahualpa Yupanqui.
Chavela, quien ha sido frontal a la hora de hablar de su sexualidad y que señaló que entre sus amores estuvo la pintora Frida Kahlo, dice en su autobiografía: "se dieron cuenta de que yo era homosexual desde muy niña". Agrega que, para referirse a ella muchos utilizaban el término "rareza". Y concluye: Lo que duele no es ser homosexual, sino que lo echen en cara como si fuera una peste".
Con el tiempo, la artista estuvo durante 12 años alejada de la canción, de los escenarios y casi de la vida, por culpa del alcoholismo. Mientras que su vida en México era desastrosa. "Estrenaba un coche el viernes y el lunes ya no tenía nada, me emborrachaba y me iba a cantar por las calles. Yo tomaba tequila, todo me lo tomé, por eso no quedó nada allá".

Aplaudida en el Olympia de París, ovacionada en el Palacio de Bellas Artes de México y distinguida en España por la Universidad de Alcalá de Henares como Excelentísima e Ilustrísima Señora ("nunca me habían dado un título como ser humano"), la popularidad de la cantante es tal que incluso una calle del pueblo español de Burgos lleva su nombre.
Almodóvar le dio la bienvenida y le ofreció participar en su producción La flor de mi secreto. A partir de ese momento, los títulos y reconocimientos mundiales dan alegría y fe a su trayectoria musical. Para Chavela, España es: "Un país que me hizo su amiga en los años 80, abriéndome sus brazos y su juventud."
Se retiró por un tiempo de los escenarios por miedo a perder su voz ("No quiero que me vayan a ver solamente por ser una viejita simpática"), aunque sigue colaborando en grabaciones junto a otros artistas como Miguel Bosé, Joaquín Sabina, Ana Belén y Armando Manzanero. El director de cine Pedro Almodóvar, besó el suelo del escenario del Pabellón de Deportes del Real Madrid y pidió silencio a la audiencia antes de entregar a Vargas el Premio Latino de Honor. El Consejo de Ministros español le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica en el año 2000.
Apareció en la película de Julie Taymor, Frida, cantando sus clásicos La llorona y Paloma negra. También apareció en Babel, película de A. González Iñárritu, cantando Tú me acostumbraste, bolero de Frank Domínguez.

Durante el 2009, con motivo de su 90 aniversario, el Gobierno de la Ciudad de México le rindió un homenaje nombrándola ciudadana distinguida. A este evento concurrieron, de manera presencial y a través de video, múltiples personalidades del ámbito artístico, cultural y periodístico de Iberoamérica, como: Julieta Venegas, Eugenia León, Carlos Monsiváis, Carmen Aristegui, J. Sabina y P. Almodóvar entre otros.
Aparece inmortalizada en la canción Por el bulevar de los sueños rotos de Sabina y Álvaro Urquijo.
En Diciembre de 2009, en coautoría con María Cortina, se presenta el libro Mis verdades, que narra a modo de entrevista, los acontecimientos más trascendentes de la vida de Chavela Vargas.
En abril de 2010, a los 91 años de edad, presenta su más reciente material discográfico Por mi culpa, en el que se incluyen duetos con sus grandes amigos: Eugenia León, Lila Downs, Joaquín Sabina, La Negra Chagra y Mario Ávila. Y en octubre de 2010 se presenta, en el marco de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de México, en un concierto junto con la Negra Chagra y logra reunir en el zócalo de la ciudad a centenares de personas para el relanzamiento de su libro y disco.
Ya no bebe tequila ni fuma cigarros. Ya no enamora mujeres por derecho, a plena luz del día. Tal vez porque aquel alcohol, aquel humo y aquellas caricias ya no son piedra de escándalo, territorios prohibidos. A veces se queda callada. Y sólo vuelve a hablar cuando está segura de que sus frases van a mejorar el silencio. Quién supiera hablar como calla Chavela.
"Moriré un lunes, el día más aburrido pero no quiero cruces ni llantos. Que dejen descansar a la Vargas." Chavela