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11/7/12

Germinal, de Émile Zola


 La novela narra lo que sucedió en Francia durante la huelga de los mineros en 1860, pone de manifiesta la lucha de todo un pueblo por sobrevivir, un pueblo que vive de la minería, que es esclavo de su propio ser, con unas condiciones de trabajo míseras. Muchos morían en la mina, y era sustituido por otro familiar perteneciente a la prole, ya fuese adulto o no, si es que el hambre no les mataba antes.


"- Debe hacer buen tiempo fuera. Ven, salgamos
Étienne luchó al principio contra aquella demencia. Pero el contagio también alteraba su cabeza, más sólida, perdiendo incluso la sensación de lo real. Todos sus sentimientos se alteraban, sobre todo los de Catherine, agitada por la fiebre, atormentada ahora por una necesidad de palabras y de gestos. Los zumbidos de los oídos se habían vuelto murmullos de agua corriente, cantos de pájaros; y olía un violento perfume de hierbas aplastadas, y veía con toda claridad, grandes manchas amarillas volaban delante de sus ojos, tan anchas que se crecía fuera, junto al canal, en los trigales, en un día de hermoso sol.
- ¡Mira, hace calor!... Cógeme y sigamos juntos siempre, siempre.
Él la abrazaba y ella se abrigaba contra él largo rato mientras seguía su parloteo de muchacha feliz:
- ¡Qué tontos hemos sido por esperar tanto tiempo! Nada más conocerte ya quise estar a tu lado, pero tú no comprendiste, te enfadaste… Luego, ¿te acuerdas?, en casa, de noche cuando comíamos, olfateando el aire para escucharnos respirar, con unas ganas inmensas de abrazarnos.
Étienne se sintió ganado por aquella alegría y bromeó con los recuerdos de su muda ternura.

- Una vez me pegaste, sí, sí, unos cachetes en las mejillas.
- Es que te amaba –murmuró ella-. Mira, intentaba no pensar en ti, me decía que todo estaba acabado; y, en el fondo, sabía que un día u otro estaríamos juntos… Sólo se necesitaba una ocasión, alguna oportunidad feliz, ¿verdad?
A él lo recorrió un estremecimiento, quiso sacudirse aquel sueño, y repitió lentamente:
- Nada está nunca acabado, basta un poco de felicidad para que todo vuelva a empezar. Entonces, ¿te quedas conmigo? ¿Esta vez es de verdad?
Y, desfallecida, se escurrió. Estaba tan débil que su voz ensordecida se apagaba. Asustado, la había retenido sobre el corazón.
- ¿Sufres?
- No, no mucho… ¿Por qué?
Pero aquella pregunta la había despertado de su sueño. Miró enloquecida las tinieblas y se retorció las manos en una nueva crisis de sollozos.
- ¡Dios mío, Dios, mío! ¡Qué oscuro está!


Ya no había ni trigales, ni olor a hierbas, ni canto de alondras, ni gran sol amarillo; aquello era la mina derrumbada, inundada, la noche hedionda, el goteo fúnebre de aquella caverna donde agonizaban desde hacia tantos días. La perversión de sus sentidos aumentaba ahora el horror, y se sentía dominada por las supersticiones de la infancia, vio al Hombre Negro, el viejo minero difunto que volvía al pozo a retorcer el cuello a las chicas malas.
- Escucha, ¿has oído?
- No, no oigo nada.
- Sí, el Hombre, ¿sabes?...¡Mira, ahí está! La tierra ha soltado toda la sangre de la vena para vengarse porque le habían cortado una arteria; y él está ahí, míralo, mira, más negro que la noche… Ah, tengo miedo, tengo miedo
Se calló tiritando. Luego, continuó en voz baja:
- No, es el otro.
- ¿Qué otro?
- El que está con nosotros, el que ya no vive.
La imagen de Chaval la acosaba, y ella hablaba de él confusamente, volvía a contar su existencia de perro, el único día que se había mostrado amable, en Jean-Bart, los demás días de tonterías y bofetadas, cuando la mataba a caricias después de haberla apaleado.
- Te repito que viene, que va a impedirnos que estemos juntos… Sus celos se apoderan de él otra vez… ¡Oh, échale! ¡Tenme a tu lado, guárdame entera!
Y en un arrebato, se había colgado de su cuello, buscando su boca que besó apasionadamente. Las tinieblas se aclararon, volvió a ver el sol y encontró una risa tranquila de enamorada. Él, estremecido por sentirla así contra su carne, semidesnuda bajo la chaqueta y los pantalones hechos jirones, la tomó en un despertar de virilidad. Y entonces se produjo su noche de bodas, en el fondo de aquella tumba, sobre aquel lecho de barro, la necesidad de no morir antes de haber alcanzado su felicidad, la obstinada necesidad de vivir, de hacer vida una última vez. Y se amaron en la desesperación de todo, en la muerte
Luego, no hubo ya nada. Étienne estaba sentado en el suelo, siempre en el mismo rincón, y tenía a Catherine sobre las rodillas, tumbada e inmóvil. Siguieron pasando las horas. Él creyó durante mucho tiempo que ella dormía; luego, la tocó, estaba muy fría, estaba muerta. Sin embargo, él no se movía por miedo a despertarla. La idea de que era el primero en poseerla, y que podía estar embarazada, lo enternecía. Otras ideas, el deseo de irse con ella, la alegría de lo que, juntos, harían más tarde, volvían por momentos, pero tan vagas que parecía apenas rozar su frente como el soplo mismo del sueño."


22/9/11

Seventh Heaven (El Séptimo Cielo). Frank Borzage


Chico (Charles Farrell) es un trabajador que se ocupa de la limpieza de las alcantarillas de Paris. Diane es una desdichada jovencita, que es víctima de los abusos de su frustrada hermana mayor. Un día, mientras Diane es golpeada por su hermana, Chico la rescata y, viéndola sumida en una profunda depresión, la lleva a vivir con él, a su buhardilla, en el séptimo piso de un edificio de Montmartre.

Frank Borzage realiza una magnifica adaptación de la obra de teatro "Seventh Caldwell" (1922), de Austin Strong. Fue objeto de un remake en 1937, de Henry King.
De 1927 en blanco y negro, muda. Con un guión de Benjamin Glazer, de la fotografía se encargó Ernest Palmer y Joseph A. Valentine. Entre los actores podemos destacar a Janet Gaynor, Charles Farrell, Gladys Brockwell, David Butler, Ben Bard, Albert Gran y Marie Mosquini. 
La actriz Janet Gaynor consiguió el Oscar por las interpretaciones, en el mismo año, de "El séptimo cielo", "Amanecer" -de Murnau- y "El ángel de la calle", también dirigida por Frank Borzage.

Por otro lado, Borzage, pionero junto a John M. Stahl del melodrama cinematográfico, del que se impregnaría posteriormente Douglas Sirk, nos adentra en una sublime historia de amor ubicada en los arrabales de París en los prolegómenos de la primera gran guerra. El realizador estadounidense volvería más tarde con un argumento parecido al tratado de forma magistral en esta producción de la Fox, adaptando al sonoro la famosa novela de Ernest Hemingway, "Adiós a las armas" (1932).

André Breton lo convirtió en un film fetiche para los surrealistas. Martín Scorsese declaraba hace apenas un año que había vuelto a ver las películas de Bozarge, sobre todo las del período de cine mudo, y descubrió a un cineasta más relevante de lo que la historia cinematográfica le había asignado. Sin duda, esta película corresponde a ese lugar imaginario y recuperado. Más allá del hondo y desgarrado romanticismo, magistral la apoteosis amoroso del final, el filme está rodado con una especial sensibilidad hacia las complejidades de los protagonistas, un efectivo catálogo de actores secundarios y una soberana ambientación, siempre en aras del objetivo final de la película.

La realización de Borzage es probablemente lo mejor de esta obra con una puesta en escena impecable que se beneficia de un buen uso de los decorados y los juegos de luces y sombras. A destacar el largo plano en que se nos presenta el edificio donde vivirán los protagonistas, mientras ellos van subiendo de piso a piso la cámara les va siguiendo sin hacer ningún corte hasta llegar a la séptima planta, enfatizando aún más la distancia a la que se encuentran. Tal y como dice Chico, de día trabaja bajo tierra en las alcantarillas y de noche está en cambio más cerca de las estrellas que nadie.



Chico se caracteriza por su fuerza y honestidad, él mismo se define como "un tipo muy peculiar”, Pero junto a este rasgo concreto, incluso en las secuencias de combate desarrolladas en la I Guerra Mundial, aparecerán detalles de la vida tan dura que lleva, como el bombardeo del taxi del amigo de Chico, del que dirá amargamente su dueño que “murió en defensa de la patria”.

Diane se caracterizará por el aporte esencialmente melodramático. Esta vive en una angosta habitación junto a su malvada hermana, que la maltrata cruelmente. Como en las mejores muestras del género en el cine mudo –y tendríamos que remitirnos a Griffith-, esa circunstancia límite propiciará el encuentro de Diane –que es sometida a una brutal paliza por su hermana en plena calle- con Chico, que aparece repentinamente abriendo la alcantarilla y conminando a esta a que deje de maltratarla.

Chico llevará a vivir a la joven a su casa –para que la policía pueda ratificar el engaño que se ha formado al decir que él es su esposo-. Desde el primer momento, Diane se ha visto atraída por el joven. El amor irá haciendo mella poco a poco mientras viven en una buhardilla pobre –el séptimo cielo del título-, pero que se encuentra llena de armonía con sus amplios ventanales que permiten la cercanía a las estrellas. Ambos llegarán a confluir en un estado de auténtica comunión espiritual del amor, en el que ella perderá su miedo –aprende a atravesar la cornisa del edificio vecino, que antes le intimidaba-, y tendrá su punto más intenso con la emotividad con la que Diane “siente” el regalo de ese traje de novia que Chico le regala –este no se atreve a decirle que la quiere-. Pero llegará la guerra y el llamamiento de filas, y Chico tendrá que partir ,llegando para él un miedo del que antes carecía –veremos como cuando se abrazan ella se sitúa en el encuadre por encima de él, retomando ese carácter de responsabilidad que hasta entonces había tenido con la joven-.

La guerra llevará su tiempo de muerte y separación, pero para los dos amantes hay una cita inalterable. Todos los días a las 11 de la mañana entrarán en contacto telepático que les permitirá mantenerse juntos en la distancia. Así hasta que Chico cae abatido, el contacto se interrumpe. Un sacerdote y un militar –representantes del poder establecido- se dirigirán a Diane para anunciarle la noticia, que ella se resiste a creer. El final de la guerra llega, llega la paz. Y entre la multitud aparecerá Chico acercándose hacia su amada y accediendo hacia el séptimo cielo de la buhardilla. Allí aparecerá ante ella y se abrazarán, encontrándose ciego, mientras un haz de luz los iluminará y sellará un amor a prueba de toda contrariedad... e incluso de la propia lógica.

La película plantea el problema de la fe religiosa, su pérdida y recuperación, en términos que vistos con ojos actuales resultan anacrónicos, aunque documentalmente interesantes. Exalta el optimismo de Chico, su amor a la vida, sus deseos de superación, la confianza que tiene en si mismo, su disposición a luchar para salir adelante, la defensa que hace de las personas maltratadas y la ayuda que da a los desamparados. Su conducta solidaria se inspira en valores éticos y cívicos, ajenos a los religiosos. Aconseja a Diana que supere los miedos y temores, adquiera confianza en si misma, cuide su autoestima y aprenda a defenderse de las agresiones enfermizas de su hermana. El film crea una tensa situación emocional en el espectador, que entiende enseguida que Diana está enamorada de Chico y que es la mujer que busca, mientras él no lo advierte ni lo sospecha. La película evoca un hecho singular que ocurrió en París en 1914: la caravana de taxis y coches particulares incautados para trasladar las tropas parisinas al frente. Durante el conflicto Diana demuestra su fortaleza en el trabajo en una fábrica de municiones y en el rechazo del asedio amoroso del coronel Brissac (Ben Bard). Denuncia la hipocresía de los ricos, como la de los tíos llegados de los Mares del Sur que rechazan a sus sobrinas por pobres y porque no son buenas.

Cabe destacar del film algunos encuadres como la subida de Chico por las escaleras, un tipo de plano que años después tuvo su resonancia en grandes aportaciones de cineastas como Alfred Hitchcock. Se utilizaron travellings muy elaborados y creativos en su época, la primera vez que los dos personajes suben hasta la guardilla donde vive Chico, la cámara los acompaña sin corte alguno, creando un efecto muy llamativo. También destacar la iluminación, el uso de luces y sombras, la reminiscencia a la hora de utilizar la luz como elemento expresivo, mucho más allá de connotaciones religiosas, para resaltar la intensidad del amor hasta altas cotas expresivas fuera de cualquier justificación meramente poética. Toda la película está cargada de grandes frases y conceptos con una fuerte carga emocional, por lo mismo también ofrece el contrapunto al dramatismo con escenas cómicas muy elaboradas.
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Borzage ocupa un lugar muy especial entre los numerosos artesanos que poblaron el Hollywood clásico, capaces de saltar del western a los filmes bélicos o a las comedias sofisticadas mostrando una eficacia narrativa y unos conocimientos técnicos dignos de admiración. La singularidad de este cineasta radica en que, aún sabiendo desempeñar excelentemente el papel de simple trabajador al servicio de un complejo engranaje industrial, supo mantener siempre unas constantes de estilo visual caracterizadas por la poética sensibilidad de sus imágenes y el romanticismo de su puesta en escena. La modernidad de su realización, próxima en ocasiones a determinados postulados de la vanguardia francesa e influida también por el cine expresionista alemán, le valió calurosos elogios de la crítica y del público, convirtiéndose de esta manera en uno de los valores más prometedores de Hollywood.



Borzage plantea en todas sus obras la misma línea: la libertad individual pasa por la consecución de un amor inalcanzable, en tanto sentimiento que nadie puede lograr por completo. Todo ello enmarcado en ambientes sórdidos y de miseria, como "El ángel de la calle", que le acercaron al cine de su admirado George W. Pabst, y donde el juego fotográfico con el claroscuro se mostró determinante. En ese sentido "El séptimo cielo" supondrá el punto máximo de dicha estética, a través de un eficaz juego de contrastes con elementos como la religión, la pobreza o el amor, para acabar creando una obra muy próxima a las tendencias hiperrealistas.




16/3/11

Pedro Páramo. Juan Rulfo.

" Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte. Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. 

(...)
 
Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas.
 
(...)
 
Me enterraron en tu misma sepultura y cupe muy bien en el hueco de tus brazos. Aquí en este rincón donde me tienes ahora. Sólo se me ocurre que debería ser yo la que te tuviera abrazado a ti. ¿Oyes?. Allá afuera está lloviendo.
 
(...)
 
Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimidos mis labios... Trago saliva espumosa; mastico terrones plagados de gusanos que se me anudan en la garganta y raspan la pared del paladar... Mi boca se hunde, retorciéndose en muecas, perforada por los dientes que la taladran y devoran. La nariz se reblandece. La gelatina de los ojos se derrite. Los cabellos arden en una sola llamarada. "

Cómo me parecerá extraño, de De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall. Blanca Andreu

"Cómo me parecerá extraño el aire que me envuelve,
cómo será así extraño,
cuando tú ya no estés,
la catedral del día,
el claustro que condensa la gran edad de la luz
y el carácter de las tormentas.

Amor mío, amor mío, tú sin día para ti,
enjambrado entre espejos y entre las cosas malas,
muerta la plata trascendental
y las ya antiguas anémonas de égloga,
muerta esta versión, que ahora oscuro, y declino, para leerla,
más joven.

Amor mío de nunca, afiebrado y pacífico,
versos para el pequeño pulpo de la muerte,
versos para la muerte rara que hace la travesía de los teléfonos,
para mi mente debelada versos, para el circuito del violín,
para el circuito de la garza,
para el confín del sur, del sueño,
versos que no me asilen ni sean causa de vida,
que no me den la dulce serpiente umbilical
ni la sala glucosa del útero."

18/2/11

"Before the Rain" Milcho Manchevski.



Opera prima del director macedonio Milcho Manchevski. Ganó más de 30 premios internacionales incluyendo el León de Oro en Venecia.

Tres historias separadas comparten como trasfondo la Guerra de los Balcanes: la primera, comienza en un monasterio dónde un interno descubre a una joven refugiada albanesa de origen musulmán que se oculta debido a unas acusaciones de asesinato.
La segunda se ubica en Londres. Aleksander es un fótografo que trabajaba como corresponsal de guerra, el cual tiene problemas con su pareja.
En la tercera Aleksander regresa a Macedonia después de haber estado ausente varios años, se encuentra un país dividido por la guerra entre cristianos y musulmanes albaneses.
Las tres historias son magníficas. "Palabras" para el tramo más silencioso, "Caras" para el tramo más cercano a nosotros, y "Fotos" para el tramo final de ese círculo que, como bien dice el autor, nunca se cierra.

Según el director, el título del film hace referencia a "la sensación de tensa expectativa que se produce cuando el cielo está cargado y amenaza tormenta". Esta tensión de la espera antes del estallido de la lluvia es la viva imagen que mejor ilustra la situación de las luchas nacionalistas en los Balcanes y concretamente la situación de Macedonia, que consiguió la independencia la última semana del rodaje. Los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes no desencadenaron un conflicto armado como en otros regiones del antigua Yugoslavia, pero igualmente estaba presente toda la fuerza del odio y la violencia entre las diferentes comunidades que convivían en el mismo territorio.

El director al recoger el León de Venecia afirmó: "el film no trata sobre la guerra, sino sobre la gente que tiene que tomar decisiones. Habla sobre el hecho que, en algún momento de la vida, todos tenemos que tomar partido. Cuando alguien se encuentra en la situación extrema de una guerra, la situación por sí misma es mucho más radical, y por eso es por lo que necesariamente hace falta situarse en un bando determinado. Por esto, el film tiene el título de Before the Rain y no Before the Tempest, que me parecía demasiado obvio".

La visión personal de Manchevski no pretendió retratar la realidad de las condiciones en su tierra (no se trataba de hacer un simple documental), sino que buscó explorar la manera en la que el odio, la intolerancia, el destino y los malentendidos desencadenan en conflicto y en sangre, entendiendo la violencia como algo latente en el mundo, capaz de escalar cualquier situación hasta dominarla totalmente. Según Manchevski
"la película se basa en tres modelos míticos: Ulises o el regreso, Romeo y Julieta o el amor imposible, y Hamlet o el cuestionamiento. Para mí el cine no es realmente un arte sino un medio para contar mitos. Mi trabajo de cineasta consiste en encontrar la manera de contarlos en un lenguaje nuevo pero no más, porque no se pueden inventar nuevos mitos". 

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TÍTULO ORIGINAL: Pred Dozdot
AÑO: 1994
DURACIÓN: 110 min
PAÍS: Macedonia
DIRECTOR: Milcho Manchevski
GUIÓN: Milcho Manchevski
MÚSICA: Anastasia
FOTOGRAFÍA: Manuel Teran
REPARTO: Katrin Cartlidge, Rade Serbedzija, Gregoire Colin, Labina Mitevska, Jay Villiers, Phyllida Law
PRODUCTORA: Coproducción Macedonia-GB-Francia
PREMIOS 1994: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa
1994: 5 premios en el Festival de Venecia, incluyendo León de Oro, actor (Serbedzija)
1994: David de Donatello: Director (Milcho Manchevski)
1994: premio Independent Spirit: Mejor película extranjera
GÉNERO: Drama 

18/1/11

Apocalypse now - The doors - The end

Suicide

Ayer recibí una triste noticia: "otro chico joven, de Ciempozuelos, se ha suicidado". Mi madre no supo decirme quién era el chico, sin embargo, hoy he tenido la desgracia de saber quién era. Fue pareja de una de mis amigas de Ciempo..., a pesar de que a él no le conocía casi, me ha dolido mucho porque he visto a mi amiga destrozada, ha sido un mazazo para ella.

Cómo habrás percibido en la primera frase "otro joven se ha suicidado", y es que hace un mes o dos, otra chica joven se colgó por amor, por soledad. Da igual, el caso es que dejo su vida. Por eso me pregunto qué puede pasarle a la gente para que haga eso.

Yo misma hace once años lo intenté. No tenía ganas de vivir. Tenía un dolor enorme en el pecho que me desgarraba. Mi vida se había vuelto un infierno. Mirar a mi madre era como mirar al demonio. Así todo, sobreviví a ese episodio y me alejé de lo que realmente me mataba. Tuve otra oportunidad, formé parte de una familia que me ha robado el corazón..., que haría cualquier cosa por ella.
Por un lado puedo entender, que no compartir, el dolor que supone llegar a la conclusión de que es mejor estar muerto que vivo.

Según la RAE:

Suicidio.

(Voz formada a semejanza de homicidio, del lat. sui, de sí mismo, y caedĕre, matar).

1. m. Acción y efecto de suicidarse.

2. m. Acción o conducta que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien la realiza.

3. Quitarse voluntariamente la vida.


El abate François Desfontaines en 1735 fue el primero que se refirió en estos términos para aquél que se mataba por sus propios deseos. Para muchas religiones el suicidio es pecado, sobre todo religiones monoteístas, en cambio en religiones orientales forma parte de algo "bueno", sirve para evitar humillaciones, o incluso, estados de dolor.
Es curioso porque los mártires, según sus religiones, no se suicidan, si no que se sacrifican por un bien mayor.


Suicidio colectivo. Badung Puputan (1906)

A lo largo de la historia ha variado la actitud de la sociedad hacia el acto del suicidio, sus formas y su frecuencia.

En la Europa Antigua, sobre todo en el Imperio Romano, el suicidio estaba consentido y hasta era considerado como un acto honroso; por esta razón los antiguos romanos admitían muchas razones legítimas para su práctica. Después, varios de los primeros concilios de la Iglesia Cristiana decretaron que aquellos que cometieran suicidio, no se les podría aplicar los rituales de la iglesia tras su muerte. En la edad media, la Iglesia Católica Romana consideró expresamente esta práctica y lo tomó como un pecado.

En las legislaciones medievales se ordenaba la confiscación de todas las propiedades del suicida y el cadáver sufría todo tipo de humillaciones. En la actualidad, desde el punto de vista religioso el suicidio es considerado como una mala acción, debido a que el ser humano no tiene derecho a quitarse la vida de Dios le ha dado, y está condenado por el Cristianismo, Judaísmo e Islamismo. Desde el punto de vista jurídico y de los derechos humanos hoy el suicidio, se considera por muchos como un derecho.

En 1897 Durkheim postuló que el suicidio era un fenómeno sociológico más que un puro acto de individualismo. Lo consideraba como una consecuencia de una mala adaptación social del individuo y de una falta de integración. Este autor identificó cuatro tipos de suicidio: Suicidio Egoísta, Altruista, Anómico y Fatalista. Estos se sucedían como consecuencia de determinadas condiciones sociales. No obstante, la tendencia actual considera al suicidio desde el punto de vista psicológico en lugar de una perspectiva moral.

El sociólogo francés Émile Durkheim en su obra El suicidio (1897), señala que los suicidios son fenómenos individuales que responden esencialmente a causas sociales. Las sociedades presentan ciertos síntomas patológicos, ante todo la integración o regulación social ya sea excesiva o insuficiente del individuo en la colectividad. Por tanto el suicidio sería un hecho social.

Durkheim comienza su estudio con una definición de suicidio como: «Todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de un acto positivo o negativo realizado por la víctima misma y que, según ella sabía, debía producir este resultado». Ejemplo de un acto positivo: dispararse en la cabeza; ejemplo de un acto negativo: rehusar a ingerir cualquier medicina hasta dejarse morir.

Durkheim distingue tres clases de suicidios:

1. Suicidio egoísta, típico de sociedades donde el individuo carece de integración social.
2. Suicidio anómico, característico de falta de regulación social (anomia), existe una falta de normatividad en tanto que las normas sociales no son interiorizadas como propias por parte del individuo.
3. Suicidio altruista, característico de sociedades con alto grado de integración social, el individuo se suicida por su sensación de pertenencia a la sociedad. Se mata por ella, un claro ejemplo son los kamikazes.
4. Suicidio fatalista, cuando el individuo no ve otra salida posible. Un ejemplo puede darse en las sociedades esclavistas, o incluso por cuestiones sentimentales y amorosas.

La gran pregunta es si nosotros, los demás que aún seguimos en vida, podemos, debemos y tenemos la capacidad de reprochar al suicida su muerte.

Algunos suicidas conocidos:
- Aníbal
- Marco Antonio
- Boudica
- Cayo Casio Longino (asesino de César)
- Catón el Joven
- Cayo Servilio Glaucia
- Leslie Cheung
- Apio Claudio Craso (cónsul 471 a. C.)
- Cleómenes I
- Cleopatra VII
- Cneo Calpurnio Pisón (cónsul 7 a. C.)
- Cneo Domicio Corbulón
- Publio Cornelio Dolabela
- Fedra
- Martha Gellhorn
- Charlotte Perkins Gilman
- Cayo Sempronio Graco
- Hitler
- Judas Iscariote
- Nerón
- Nick Drake
- Níobe
- Leila Pahlevi
- Matti Juhani Saari
- Sansón
- António Soares dos Reis
- Séneca
- Mariano José de Larra
- Mateo Morral
- José Manuel Urtain
- Jesús Rollán
- Jonathan Brandis
- Bill Cody Jr.
- George Eastman
- Jerry Hadley
- Phil Hankinson
- Eric Harris y Dylan Klebold
- Marvin Heemeyer
- Ernest Hemingway
- Abbie Hoffman
- Robert Ervin Howard
- Jean Seberg
- Anne Sexton
- Inger Stevens
- David Strickland
- Hunter S. Thompson
- John Kennedy Toole
- Tyler Clementi
- Sylvia Plath
- Jean Eustache
- Dalida
- Paul Lafargue
- Karen Lancaume
- Nicolas Leblanc
- François Lemoyne
- Max Linder
- Dora Carrington
- Jeremiah Clarke
- Ian Curtis
- Virginia Woolf
- Kurt Donald Cobain