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11/7/12

Jonas Mekas sin anestesia

Jonas Mekas (Semeniškiai, Lituania, 1922) es, además de poeta, uno de los máximos exponentes del cine experimental norteamericano y del New American Cinema Group, movimiento contracultural de directores independientes que surgió en Nueva York en los años sesenta como alternativa al cine de Hollywood, y del que fue su fundador y portavoz oficial. 

El régimen ruso le consideraba un disidente, así que tuvo que cruzar medio mundo hasta llegar a la ciudad de los que no tienen lugar: Nueva York. Jonas hizo este viaje acompañado por su hermano Adolfas, con quien pronto pudo alquilar un piso en Williamsbourgh, Brooklyn. Ahí empezó su eterno deambular por trabajos mal pagados en fábricas y por las calles de Brooklyn. Esa ciudad exagerada que se llama Nueva York emanaba una soledad insoportable para Mekas. De ahí su condición de eterno exiliado en la ciudad de los exiliados. 

"No existe para mí el internacionalismo abstracto. Tampoco cuento con el futuro: estoy aquí y ahora. ¿Se deberá esto al hecho de haber sido arrancado por la fuerza de mi hogar? ¿Es ésa la razón por la cual siempre siento la necesidad de un nuevo hogar, porque no pertenezco en realidad a ningún lugar, excepto a ése, a ese lugar que fue mi niñez y que se ha ido para siempre?", reza Mekas en sus diarios

Este tono melancólico, muy sensible, es el que preside su cine, que es casi en su totalidad un diario fílmico de su propia vida. J. Mekas se siente solo y exiliado. Poco después de su llegada comienza a filmar diariamente fragmentos de su vida y lo que la rodea. Son filmaciones improvisadas, casi al azar, que él irá reelaborando a través del montaje, dándole una perspectiva concreta a través de la voz en off o la inserción de intertítulos.



Desde la  dirección editorial de la revista Film Culture, desde su columna en el semanario The Village Voice, y con su trabajo al frente de los Anthology Film Archives, uno de los más exhaustivos archivos de cine experimental en el mundo, sentó las bases estéticas para esta nueva vanguardia cinematográfica que contaba entre sus filas con John Cassavetes, Robert Frank y Andy Warhol, entre otros. Durante esa época estuvo estrechamente involucrado con la escena underground neoyorquina, el pop-art y el grupo Fluxus, vinculándose con figuras como George Maciunas, Allen Ginsberg, The Velvet Underground y Yoko Ono. 
En cuanto a su labor como director, Jonas Mekas es principalmente conocido por sus películas-diario, como Walden (1969), Lost, Lost, Lost (1975), Reminiscences of a Journey to Lithuania (1972), y As I Was Moving Ahead, Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2001) (significa: mientras avanzaba, ocasionalmente ví pequeños estellos de belleza), montado a partir de imágenes de distintas grabaciones acumuladas a lo largo de 50 años de su vida). Durante el 2007, Mekas publicó en internet 365 cortometrajes, uno para cada día del año.

 "La pintura –cualquier clase de pintura, cualquier estilo de pintura-, el hecho mismo de pintar, en realidad, es actualmente una forma de vida, un estilo de vida, por así decirlo”. 
J. Mekas 

A finales de la década de los años 50, se produjo una explosión libertaria en el cine en la ciudad de Nueva York.  El portavoz oficial de este movimiento, conocido como “nuevo cine americano” o “cine underground” fue, sin ninguna duda, Jonas Mekas. Su tenacidad en la defensa de los nuevos cineastas desde la revista que él mismo creó, Film culture, y el semanario The Village Voice, donde colaboraba, permitieron a este cine encontrar huecos en donde se hablara de él y, por consiguiente, salas donde se exhibiera. 

Sus artículos proclamaban Shadows, de John Casavettes, y Pull my daisy, de Robert Frank y Alfred Leslie, adaptación de una obra de teatro de Kerouac. Ambos filmes coinciden en rechazar la dictadura del guión abriendo la veda de la improvisación. Es un cine fresco, muy directo, que no tiene miedo de filmar en las calles y de noche, y que traza un puente con lo que se está haciendo en Europa en ese mismo momento, pero con particularidades muy americanas o, mejor dicho, muy neoyorkinas. 

"Quizá sean las palabras crítico y criticar las que tan a menudo nos confunden. ¿Quién nos ha puesto en la cabeza que un crítico debe criticar? He llegado a una conclusión: el mal y la fealdad se cuidaran solos; es el bien y la belleza lo que necesita de nuestros cuidados. Es más fácil criticar que prestar cuidados. ¿Por qué elegir el camino más fácil?" J. Mekas

En sus crónicas semanales para el Voice Mekas relataba los hallazgos del nuevo cine —llamado experimental, de vanguardia, o underground; cine, en definitiva— y los fracasos de las viejas fórmulas hollywoodienses. Un cine generalmente de corte no narrativo, en el que la duración de los films ya fuese de 15 segundos u 8 horas, o su formato (del doméstico Súper 8 al 35mm) no tenía la más mínima importancia salvo para la conjugación de la obra en sí misma; un cine realizado por creadores con intereses dispares a los de las grandes compañías del espectáculo, un cine pobre, sin estrellas, sin intérpretes las más de las veces, un cine en el que la relación entre el artista y sus materiales estaba más próxima a la actitud del pintor o el escultor y diametralmente opuesta al del cine comercial llegado de todos los hollywoods del planeta; en definitiva y en palabras de Mekas: un cine compuesto por "films menos perfectos pero más libres".

Mekas hizo de la crítica de cine algo sumamente íntimo, las páginas del Voice se convirtieron en diario personal y agenda del cronista (al igual que sus películas eran extensiones de estas páginas y de su propia vida); ya fuera en forma de anotaciones (de divagaciones, en sus propias palabras) en ocasiones maravilladas por la reciente y límpida impresión que causara un film, o ardientes, irónicas o coléricas en su repulsa de algo que consideraba abominable: títulos de artículos tan sugerentes como "lo que hará el diablo en el infierno al distribuidor de Lola Montès"  ó "Por qué debemos apedrear a los críticos de cine", dan pistas sobre su personal mirada. En sus doce años de reseñas para el Voice (1958-1970) y para Film Culture entra todo: su visión es amplia y no solamente por la variedad de autores tratados a la que ya he hecho referencia (y conste que dejo en los márgenes a muchos más), sino porque además no se (auto)limitaba a la crítica de cine de estreno -de hecho, como no podía desperdiciar más espacio hablando del cine comercial del que ya todo el mundo escribía, invitó a un joven Andrew Sarris a hacer esa parte del trabajo por él -.

En sus páginas caben las reseñas de los grandes festivales y las pequeñas proyecciones de barrio o en el estudio de algún artista, el cine verdaderamente amateur, los experimentos ópticos, el cine de fotograma único y el elogio de las salas de cine pornográfico de Hoboken o las películas en Súper 8 realizadas por niños. Así, encontraremos en sus páginas análisis sobre la grandeza de John Ford, pero también entrevistas o charlas de amigos cineastas recogidas con un magnetófono en algún bar, crónicas de viajes por Europa, o el relato de las dificultades de Stan Brakhage para poder trabajar, rodar y mantener a su familia.

Sus escritos evolucionan por tanto y como no podría ser de otro modo, en paralelo a su vida (esa unión de la que hablaba Truffaut, adquiere en este caso una conjugación extrema) y ya sea al frente de la Film Makers' Coop (una cooperativa de cineastas surgida en Nueva York en la que sus trabajos se proyectaban regularmente y los sueldos se distribuían equitativamente), la Anthology Film Archives, o como simple espectador, sus notas se van radicalizando a medida que la censura ataca al nuevo cine y volcándose en un mayor activismo en favor de los nuevos creadores, de la libertad de expresión y la defensa de lo bello: "El mal y la fealdad se cuidarán solos; es el bien y la belleza lo que necesita de nuestros cuidados".

Los nuevos cineastas estaban más allá de las discusiones sobre la función del "autor" cinematográfico o la necesidad de un "cine-arte" como alternativa al "cine-industria", que copaban en esos momentos los debates en Europa. Para ellos el cine era/es un arte, y el autor del film su único responsable y ahí se acaba la discusión. Un cine que no buscaba derrocar el poder establecido para después poder reemplazarlo (como los Cahiers en Francia), sino que estaba más allá del poder, renunciando de antemano a él. Su lucha era interior, y su objetivo era a la par ético y estético: alcanzar la propia verdad. Mekas luchaba por mostrar a los ojos de sus lectores toda la belleza del nuevo cine de filiación amateur de Stan Brakhage y de Robert Frank, de Maya Deren y Andy Warhol, Kenneth Anger y Ken Jacobs, de Cassavetes antes de convertirse en Cassavetes; pero también la de los films de Ophüls y Bresson, de Ford y Hawks, del debutante Godard y el veterano Sirk, y Ron Rice y Jean Renoir y Dreyer y Antonioni y Gregory Markopoulos, etc. 

Cineastas como Stan Brakhage, Keneth Anger o el propio Mekas tienen mucho que ver con las vanguardias europeas de los años veinte. En aquella época, gente como Luis Buñuel, Marcel Duchamp o Man Ray hicieron un cine que rompió con todo y que tuvo una fuerte repercusión en los círculos vanguardistas. Artistas plásticos como Vikking Eggeling, Hans Richter, Walter Ruttman u Oskar Fischinger también hicieron un cine que se despegó de todo lo precedente. La liberación surrealista llegó al cine.

A pesar de estar implicado con el grupo de Film culture Casavettes hizo una segunda versión de Shadows, que levantó mucha polvareda entre sus compañeros. Volvió a rodar algunas escenas más minuciosamente, la alargó y la hinchó a 35 mm. Al respecto, Mekas escribe, “no me cabe la menor duda de que, mientras que la segunda versión de Shadows es otro film más de Hollywood –aunque inspirado por momentos-, la primera versión es el film americano de la última década que más fronteras ha traspuesto. Debidamente comprendido y presentado, podría influenciar y cambiar el tono, tema y estilo de todo el cine independiente americano. Y ya está empezando a hacerlo.”  Mekas no podía tolerar que Casavettes hubiera arreglado un poco su película, la hubiera domesticado, cuando era un grito en favor de la liberación del cine. Pese a eso, el director de Faces, mantuvo la famosa nota que aparece en pantalla tras el último plano de la película: the film you’ve seen is just an improvisation.

Sobre Pull my daisy, de Robert Frank, Mekas decía: “La fotografía en sí, su agudo blanco y directo blanco y negro, tiene una verdad y una belleza visual que no existe en los recientes films europeos y americanos. La higiénica pulimentación de nuestros films contemporáneos, sean de Hollywood, París o Suecia, es una enfermedad contagiosa que parece propagarse a través del tiempo y el espacio. Nadie parece estar aprendiendo nada, ya sea de Lumiére o de los neorrealistas: nadie parece darse cuenta de que la calidad de la fotografía es en cine tan importante como el contenido, las ideas o los actores. (...) Cuando vemos las primeras películas de Lumière, (...) le creemos, creemos que no está fingiendo. Pull my daisy nos recuerda nuevamente ese sentido de la realidad y de proximidad que es la primera propiedad del cine.”

La grandeza de Shadows instó al grupo de Film culture a crear el Independent Film Award, que se convirtió en una referencia clave para el cine underground. La segunda edición de tal galardón fue para Pull my daisy y la tercera para Primary, una película documental de Ricky Leacock, Don Pennebaker, Robert Drew y Al Maysles. Estos directores son hoy considerados los creadores del cine directo.

A pesar de que el grupo de Leacock no formara parte directamente del movimiento del new american cinema, puesto que por ejemplo no firmaron el First statement, Mekas defendió a rajatabla sus películas y habló de ellas como parte de un nuevo cine que estaba cambiando las cosas. Coinciden en tener poco dinero y mucho hambre de verdad.  

“La pasión de Leacock, Maysles, Brault y Pennebaker por el Cine Directo ha dado como resultado varios hechos secundarios. Las nuevas técnicas de la cámara y los nuevos materiales temáticos han influenciado a un cierto número de películas independientes de bajo presupuesto. (...) La obra de Andy Warhol es, sin embargo, la última palabra de Cine Directo. Es difícil imaginar nada más puro, menos escenificado y menos dirigido que Eat, Haircut o Street. Opino que Andy Warhol es el realizador más revolucionario trabajando actualmente. Está abriendo a otros realizadores un campo de realidad cinematográfica inexhaustible y completamente nuevo”, explicó Mekas

El tercer Independent Film Award fue para un director completamente diferente: Stanley Brakhage y su película The dead and the prelude.
Este recorrido por los Independent Film Award demuestra las variedades estéticas de los cineastas relacionados con el grupo de Film Culture. Brakhage nada tiene que ver con Warhol. Ni con el Cine Directo. Brakhage es el más abstracto de los cineastas relacionados con el new american cinema. Su cine experimental indaga en las posibilidades de la imagen y el movimiento, siguiendo la estela de gente como Oskar Fischinger o el propio Hans Richter. Probó técnicas como el uso de imágenes negativas, la aplicación de pintura sobre el celuloide, la utilización de lentes especiales...
Andrew Sarris habla de Mekas: “He wasn’t a critical journalist. Ha was an evangelist. There is something in Jonas that is consistent, this marvellous consistency, the personality, the life, the career. And I think that Jonas’ great virtue is in demonstrating through himself that anything is possible. Jonas goes out and does things that no one had any reason to belive can exist”.

Mekas creía que la revolución era posible. Creía que ese grupo de cineastas amateurs y caóticos podrían cambiar muchas cosas. Creía que el centro del cine se podría desplazar de la costa oeste a la costa este, de Los Ángeles a Nueva York. Mekas creía en esta revolución del individuo, en esta liberación de cada uno de nosotros. Jonas Mekas era un sacerdote romántico o, como dice Sarris, un evangelista. Un evangelista de lo libertario, que mucho tiene que ver con el clima que se generó en los años 60 gracias a las múltiples formas de la contracultura.


Mekas:

"LA FUNCIÓN DE LA CRÍTICA DE CINE (19 de septiembre 1963) 

¿Cuál es la suma total del otoño? ¿Cuál es su contenido, su forma, su propósito? Su estilo, ciertamente, tiene unidad. Pero ¿qué significa? Eh, pero ¿qué significó el verano, con todo su verdor, su sol y sus flores? Fuentes de color rojo y marrón surgirán pronto. Eso es lo que significaba el verano.
Y ustedes me preguntan sobre películas. No sé qué significa una película. Estoy más bien buscando alguna luz detrás de ellas, detrás de las imágenes; estoy tratando de ver al hombre.
Fue Barbara Wise quien me dijo el otro día, y tenía razón: "El crítico de cine no debería explicar de qué se trata la película, tarea realmente imposible, sino ayudar a crear la actitud adecuada para ver la película". De eso se tratan mis divagaciones simplemente.
¿Dónde estaba? Sí, divagando. Les diré la verdad: todo lo que he aprendido en mi vida (y he visto muchas películas) se limita a esto: las hojas caen en otoño. Allí estaré con mi cámara cuando caigan."








31/1/12

Basquiat y Warhol un dúo muy especial.

Andy Warhol (1928-1987) y Jean-Michel Basquiat (1960-1988)



Ambos fueron figuras esenciales en la escena artística del Nueva York de mitad de los ochenta, una época en la que músicos, actores y artistas se dedicaban a experimentar con el arte, la identidad, las drogas y la sexualidad. En este ambiente, Warhol creaba la “escena” y Basquiat, joven artista del graffiti lanzado al estrellato, la salpicaba con sus sprays. Venerados en vida y mitificados tras su muerte, ambos artistas se convirtieron en carne de leyenda.  

 
Entre 1983 y 1985 trabajaron a cuatro manos con un alto nivel de inspiración y productividad. Pintaron 130 óleos que firmaron a medias.

Basquiat, enamorado de la obra de Warhol desde la adolescencia, visitaba frecuentemente el estudio del artista –The Factory- en los años ochenta. Fue el marchante de Warhol, Bruno Bischofberger, quien sugirió una colaboración de diálogos pictóricos basados en la igualdad. Warhol trazaba los temas y Basquiat pintaba sobre ellos, cambiándolos e incluyendo nuevos elementos. Obra tras obra, las colaboraciones se convirtieron en una conversación de color sobre lienzo. 


B. Bischofberger sostenía que "a veces Warhol no estaba tan contento porque él pintaba algo y Basquiat se metía y pintaba sobre todo. Pero Basquiat a veces pensaba que Warhol era flojo porque terminaba rápido y Basquiat quería volver a todo una y otra vez".


En 1985 empieza a realizar colaboraciones en las obras de Warhol. Ellos pudieron fusionar el arte de cada uno, Warhol realizo aportes en las obras de Basquiat también, combinaron su arte con combinaciones de color, collages, serigrafía, graffiti y lenguaje publicitario.
Warhol y Basquiat se llevaban muy bien . La mayoría de las obras las empezaba Warhol y las terminaba Basquiat. 


Warhol dejó escrito en su diario: “Jean-Michel Basquiat ha conseguido que pinte de una forma muy diferente, y eso está muy bien”.


La idea de pintar juntos fue considerada enriquecedora para ambos porque Warhol, que en aquel momento sólo empleaba técnicas como la serigrafía, volvió a tomar el pincel, y Basquiat comenzó a conocer las técnicas mecánicas aplicadas a la pintura.

 

Las colaboraciones de Warhol y Basquiat fueron "conversaciones físicas" en el sentido de un diálogo, de una confrontación física que demandaba respeto mutuo y aceptación. Ambos encarnaron el conflicto entre dos visiones muy diferentes del arte y el mundo. Que estos antagonistas fueran capaces de crear juntos obras tan brillantes y diversas mediante una colaboración fértil podría explicarse por la gran tensión productiva fruto de este encuentro. 

 

Basquiat acentuó o borró las pinturas manuales y las serigrafías de Warhol con sus propios elementos visuales, colocándolos por encima o junto a ellas. Introdujo constantemente en estas obras la anatomía de sus obras, con una interacción entre el interior y el exterior, entre las partes superiores e inferiores. Su compromiso con el racismo, el encuentro de varias culturas y su reflejo de nuestra sociedad de consumo capitalista se reflejan en su "anatomía de la calle".


Es en este mismo año que Basquiat parece en la portada de la revista New York Times, convirtiéndose en el primer artista plástico negro que aparece en la primera plana, el establishment cultural negro criticaría el patronazgo de Warhol a un artista negro.


Warhol veneró a Basquiat, pero a veces chocaban. La naturaleza obsesiva de Basquiat, que pintaba y repintaba sus obras muchas veces, hizo que discutiera frecuentemente con Andy Warhol.

 
Sin embargo, esta red de relaciones fue muy frágil tal y Basquiat finalizó su colaboración con Warhol después de la crítica recepción de 16 colaboraciones en la Galería Tony Shafrazi en septiembre de 1985. Vivien Raynor, por ejemplo, llegó a denominar a Warhol “mascota” en una crítica publicada en el New York Times el 20 de septiembre. El cartel diseñado por Tony Shafrazi destaca claramente el acto físico de colaboración artística: retrató a los dos artistas como boxeadores

 
El joven artista, profundamente afectado, nunca más volvió a aparecer por The Factory.

 
Fab Five Freddy, un viejo amigo, afirmó: "Veníamos los dos de Brooklyn, y Jean-Michel era el único que conocía a Caravaggio, Warhol y tantos otros, y a la vez que sabía lo que pasaba en la calle".  

 
En vida, Basquiat no fue maltratado por la crítica, salvo tal vez el momento en que trabajó junto con Warhol. Edward Lucie-Smith sostuvo: "El más celebrado artista afronorteamericano de los 80, Jean-Michel Basquiat, utilizó con frecuencia la imaginería 'negra', pero al mismo tiempo, siempre demostró su ansiedad por someterla a claros acentos de universalidad. Su intención no era tanto construir una capillita más para la cultura afronorteamericana, sino competir en igualdad de condiciones con su mentor Andy Warhol".


F. Rosa advirtió: "Basquiat no era Arthur Rimbaud o Henry Tanner. Basquiat era un estudiante de arte anticipado a su tiempo, que alcanzó demasiado pronto su estatus de súper estrella. Su iconografía no es, como algunos eruditos quieren probar desesperadamente, una mezcla de urbanidad con incautaciones del vudú. En cambio, él sabía más sobre Babar, Mickey Mouse y Warhol, que sobre Haití y sus tradiciones religiosas o iconográficas". 

 
Los artistas, que nunca volvieron a verse, ambos murieron en Nueva York. Warhol, el 22 de febrero de 1987, de un fallo cardíaco post-operatorio. Basquiat, el artista negro más famoso de los EE UU pese a tener sólo 27 años por entonces,  falleció el 12 de agosto de 1988 por una sobredosis de speedball/powerball (heroína y cocaína).