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21/3/11

Medicina Popular (IV): amuletos y plantas medicinales.

 Llamamos amuleto a cualquier objeto empleado con fines mágicos. Con frecuencia suele ser una piedra, o un trozo de metal, con una inscripción grabada. Se lleva normalmente colgado del cuello para protegerse de la enfermedad o la brujería. Los antiguos egipcios usaban amuletos en forma de collar. Entre los griegos recibía el nombre de phylaktērion. Los amuletos judíos, tiras de pergamino que contenían pasajes de la Ley, eran empleados por la Escuela Farisaica como símbolos de piedad, pero también se usaban para protegerse de los malos espíritus o alejar la desgracia.

El uso de amuletos pasó a la Iglesia cristiana con la inscripción de ichthys (en griego ‘pez’), nombre que contenía las iniciales correspondientes a las palabras griegas de Jesucristo, Hijo de Dios, El Salvador. Los gnósticos usaban piedras abraxas, gemas que llevaban inscrita esta palabra griega. Los amuletos se convirtieron en un objeto tan común entre los cristianos que en el siglo IV se prohibió al clero su fabricación o uso bajo pena de quedar privados de sus órdenes sagradas; en el año 721 el uso de amuletos fue condenado de forma solemne por la Iglesia. Con el desarrollo de la astronomía árabe, el amuleto astrológico, o talismán, se hizo cada vez más popular. El uso de amuletos es una práctica casi generalizada en todo el Oriente Próximo.

Los amuletos, en general, son objetos que en virtud de una cualidad inmanente tienen el poder de proteger al portador de ataques sobrenaturales. Se distingue, según Salinas, entre amuletos profanos (de origen musulmán o judío) y religiosos.

Las pulseras de coral, las higas o manos de Lourdes poseen cualidades que desvían la mirada. El ajo es recurso también para mantener alejadas a las brujas y las malas influencias. Suelen aparecer como un componente entre otros del saco de amuletos, que se cuelga al cuello con un cordón.

Los dientes y la mandíbula del erizo dan miedo y ellos hace que el portador tenga una relación mágica, solían utilizarlo para fomentar el crecimiento de los dientes. El efecto ahuyentador de las mandíbulas y las garras de animales se basa en que simbolizan el todo por la parte. Los animales enteros se emplean rara vez, y se presentan más raramente aún. La pata de tejón se utilizaba para la protección de la mano.

Las higas o mano de Lourdes son amuletos ahuyentadores. Muestra un gesto de la mano que simboliza el acto sexual. Se considera una de las mayores ofensas y tiene, por ello, un gran efecto ahuyentador.

Los amuletos en forma de media luna o de luna son indicadores de un culto a la luna por influencia celta o bien contra el mal del alunado.

Los amuletos en forma de cuerno son un símbolo fálico.

El emblema o sello de Salomón, el pentagrama, o bien el movimiento de la mano que lo indica, ahuyentan el daño o el mal de ojo. Este emblema procede de la cultura cabalística.
Salillas cuenta entre otros amuletos religiosos la sal y el pan.
 
Las medallas, estolas sacerdotales, cruces, reliquias y rosarios se les atribuye un papel curativo, no poseen un carácter preventivo. Los Evangelios también han sido considerados como amuletos curativos.
 
Las plantas medicinales en muchos casos debían recogerse de una forma especial, en un lugar y en un tiempo determinado. La recolección debe realizarse cuando los principios activos de la planta están maduros. Por lo general, se debe proceder al secado de los vegetales lo más rápido posible, de forma que no fermenten los azúcares que contienen, aunque hay que tener en cuenta que las hierbas secas poco a poco van perdiendo sus propiedades. Las flores deben cogerse recién abiertas y secarse con papel limpio; las hojas deben recolectarse antes y durante la floración y extenderse sobre un papel o rejilla; las plantas enteras deben ser despojadas de las hojas marchitas y los restos de tierra; las semillas y frutos no suelen necesitar ningún tratamiento; y las cortezas y raíces se deben tomar de ejemplares jóvenes.
 
Diversas formas de preparar la planta:
 
● Infusión: calentar agua y añadir la parte de la planta necesaria en el primer hervor. Seguidamente se aparta del fuego, se tapa y se deja reposar unos minutos. La infusión una vez hecha no debe hervir. Se suele preparar con las partes jóvenes de la planta, como hojas, flores y semillas.
● Decocción: proceso por el cual la planta se hierve en agua durante un periodo de tiempo determinado. Se usa este procedimiento con las partes más duras, como corteza, hojas coriáceas, raíces y tallos.
● Reducción: si la cocción se lleva a cabo durante más de 20 minutos, se produce la reducción. Se emplea para principios activos que resisten el calor y de los que se necesita, por su escasa proporción, una mayor concentración.
● Maceración: consiste en dejar reposar las plantas en agua fría durante algunas horas. Sirve para extraer principios activos inestables frente al calor pero solubles en agua.
● Tintura o vinos medicinales: es la maceración hecha en alcohol y normalmente lleva una parte de la planta por cinco de alcohol. Se usa si los principios activos no se disuelven bien en agua o son de sabor desagradable, empleándose generalmente planta seca. Son muy conocidos los vinos de quina o el aguardiente de endrino (pacharán).
● Jarabes: son disoluciones de azúcar en agua a las que después se les añade la planta.
● Zumo: directamente se trituran las plantas frescas y luego se tamiza el líquido.
● Aceites medicinales: al igual que el alcohol, el aceite es otro de los disolventes más usados. De hecho hay ciertas plantas que transfieren mejor sus principios activos al aceite. Son los más utilizados para uso externo (friegas, masajes o untes).
● Cataplasmas o compresas: se hacen hirviendo la planta o sometiéndola a la acción del agua. Las plantas hervidas se envuelven en paños delgados que se sitúan sobre la zona a tratar.
● Vahos: se preparan con hierbas aromáticas, las cuales se hierven en agua. El vapor que se desprende del recipiente una vez retirado éste del fuego, es el que debe ser inhalado.
 
Los principios activos de las plantas, a los que hay que atribuir sus efectos curativos, pueden utilizarse en el tratamiento de gran número de enfermedades o dolencias. A continuación se dan algunos ejemplos de las propiedades medicinales de las plantas, así como de algunas de las especies vegetales que presentan estas propiedades: 
 
● Pectorales y antitusivas: fárfara (Tussilago farfara), amapola (Papaver rhoeas) y malva.
● Tónicas y digestivas: la salvia, el orégano, el poleo, la hierba luisa, la genciana, la angélica o el ajenjo.
● Laxantes: el acebo, el algarrobo, la cuscuta o el polipodio.
● Diuréticas: el apio, el perejil, el limonero o el equiseto Equisetum telmateia.
● Abortivas: corona del rey, sabina, tejo o azafrán.
● Hipnóticas: majuelo, tilo, valeriana, lúpulo o naranjo.
● Antireumáticas: rododendro, estramonio, espliego o judía.
● Vermífugas: ontina, tomillo, nogal o tanaceto.
● Vulnerarias: hipérico, vulneraria o aliso.

8/3/11

Medicina Popular (Siglos XV, XVI, XVII) (III): curación, brujería.

► Especialistas de la Curación.
Las competencias de hombres y mujeres en la curación de determinadas enfermedades están muy marcadas. Así sabias, entendidas, brujas y meigas son consideradas causantes, y al mismo tiempo especialistas en el tratamiento del mal de aire, mal de ojo y de algunas formas de brujería. Es decir, que a las especialistas se les atribuyen, fundamentalmente, los terrenos en las enfermedades infantiles, con causas mágicas, la magia amorosa, etc. Esto corresponde, en cierto sentido, al papel social de la mujer, caracterizado por la asistencia para el bienestar anímico y corporal de los miembros de la familia.

La variedad de denominaciones que reciben las especialistas se pueden clasificar según el criterio del fundamento de su saber y de los objetivos de sus prácticas. Poseen un saber esóterico , y a veces un poder divino o gracia que le posibilita sus éxitos curativos. Sin embargo, emplean sus prácticas y poderes para objetivos diversos.

Dependiendo de si es causante o curandera, se le designa un nombre meiga/bruja o sabia. En su papel de curandera aspira a revestirse de un aura santa (en la ornamentación y simbolismo de los rituales y en los objetos que utiliza). 

Brujería

La brujería constituía la reliquia de determinados aspectos de ritos arcaicos populares, y en especial los cultos a la fertilidad, que existían por toda Europa antes de la llegada del cristianismo. Según esto, los antiguos ritos convivieron con el cristianismo durante la época medieval, aunque poco a poco fueron perdiendo adeptos e importancia. A medida que el cristianismo fue adquiriendo mayor relevancia, las autoridades eclesiásticas y los cristianos ortodoxos empezaron a considerar a los dioses adorados en este tipo de ritos como demonios y a los que los practicaban como brujos.

Durante el siglo IV se desarrolló el Código Teodosiano, en el que se condenaba explícitamente el culto idolátrico y los ritos mágicos. Una de estas leyes condenaba con la pena capital a quienes celebraran sacrificios nocturnos en honor del Diablo y sus acólitos, lo que dio comienzo a la persecución de las brujas.

La Iglesia cristiana, sin embargo, fue indulgente con ciertos ritos que estaban muy arraigados en la población, sobre todo con los supuestos hechizos o pócimas que acompañaban a las oraciones y que servían para curar un catarro o despertar una pasión amorosa. La Iglesia consideraba que no eran más que hierbas medicinales y afrodisiacos, y las personas convictas por estas prácticas sólo eran condenadas a hacer penitencia. Los sacerdotes luchaban por erradicar la fe pagana y el elemento mágico o milagrero que se atribuía a un remedio medicinal. Pero, para consolidar su poder, la Iglesia no podía, ni tolerar los ritos antiguos, ni plantear un conflicto global con los numerosos devotos de estas creencias, pues al parecer eran muchos los cristianos que también creían en el poder de estos hechizos.

La actitud de la Iglesia empezó a endurecerse conforme se fue fortaleciendo para poder luchar abiertamente contra los ritos arcaicos, ya en decadencia. Por otra parte, la creciente inquietud y tensiones sociales que gestaron la Europa moderna encontraron su expresión en la brujería, la herejía y la secularización. Como estas tendencias amenazaban con socavar la autoridad eclesiástica, los prelados de la Iglesia las consideraron herejías e intentaron acabar con ellas.

La fiebre de la caza de brujas obsesionó a Europa desde el año 1050 hasta finales del siglo XVII, apaciguándose ocasionalmente para resurgir después con furia. En el siglo XIII apareció el tribunal de la Inquisición, que se encargó de perseguir a los herejes. Los hijos eran obligados a denunciar a sus padres, los maridos a sus mujeres y los familiares y vecinos se denunciaban entre sí. Se pagaba a los testigos para que declararan y a los sospechosos se les infligían torturas inhumanas para forzar su confesión. A los cazadores de brujas se les pagaba una recompensa por cada fallo condenatorio después de reunir las acusaciones y poner a prueba a los sospechosos. Se suponía que todos los brujos y brujas tenían marcas hechas por el Diablo en alguna parte de sus cuerpos, que eran insensibles al dolor. Los inquisidores no dudaban en traicionar sus promesas de perdón a aquellos que reconocían su culpa. Cientos de miles de personas fueron condenadas a la muerte por practicar la brujería.

La bula papal más influyente contra la brujería fue la Summis Desiderantes, promulgada por Inocencio VIII en 1484, que para ejecutarla nombró inquisidores regionales, y el Malleus maleficarum (el célebre Martillo de las brujas), escrito dos años después por los dominicos alemanes Heinrich Kraemer y Johann Sprenger. La persecución se dio en toda Europa, principalmente en el norte de Francia, suroeste de Alemania, países de Escandinavia e Inglaterra.

Los colonos ingleses llevaron a Norteamérica las prácticas de la brujería. Es famoso el proceso de Salem (Massachusetts), que tuvo lugar en 1692 y en el cual, después de numerosos interrogatorios y torturas, se condenó a más de 20 personas.

► Aquelarres y Shabats.
Las brujas y brujos de la Europa medieval y hasta el siglo XVII organizaban actos de brujería denominados aquelarres, reuniones en las que participaban brujas en su mayoría y en las que intervenía el Demonio como líder del acto. Considerado como vicario del Diablo, muchos de sus fieles más ingenuos le trataban como si fuera el mismísimo Diablo. Tradicionalmente se le representaba vestido de negro o con disfraz de macho cabrío, ciervo u otros animales con cornamentas. El grupo se reunía una o dos veces por semana en lo que generalmente constituía una reunión local. En estos actos las brujas llevaban a cabo supuestamente ritos de culto al Demonio, informaban de sus actividades y preparaban las próximas intervenciones a realizar en la comunidad.

Otras reuniones regionales, denominadas shabats —al parecer, acto provocativo hacia el shabat judío-cristiano—, congregaban probablemente a centenares, a veces miles de alegres asistentes, incluyendo los brujos y sus neófitos. El lugar de reunión más famoso de la Europa antigua y medieval fue Brocken, el pico más alto de los montes Harz en Alemania, donde transcurre la impresionante escena del shabat descrita en el Fausto de Goethe. Los dos más importantes se celebraban en la noche del 30 de abril (noche de Walpurgis) y del 31 de octubre (Halloween, víspera del Día de Todos los Santos). También se celebraban en las noches del 31 de julio (Fiesta de la Cosecha) y 1 de febrero (víspera de la Candelaria).
El shabat comenzaba con la iniciación de los neófitos y la ceremonia incluía prestar juramento de obediencia al Diablo, firmando con él pactos de sangre y profanando crucifijos y otros objetos sagrados; asignar un espíritu ayudante bajo la forma de gato, ratón, comadreja, sapo u otro animal pequeño, que actuara de sirviente del brujo, y realizar diversos actos obscenos de obediencia al Diablo y su vicario. A la ceremonia de iniciación le seguía un acto de culto general que, con frecuencia, incluía una misa negra, parodia de la misa católica que rendía culto a Satán, y que finalizaba en danzas que degeneraban en una orgía sexual.

Durante el siglo XVI Europa se ve infectada de denuncias sobre brujería. Miles de personas sospechadas de esta práctica eran detenidas y sometidas a interrogatorios, tanto por las autoridades civiles como por la temible Inquisición. La simple probabilidad de caer en sus manos llenaba de terror. El uso de tortura, tanto para lograr la confesión o simplemente para la confirmación de ésta, era lo habitual. Y las penas podían ir desde la abjuración pública y el uso del sanbenito – un hábito amarillo con una cruz roja, cada vez que salía de su casa - muestra pública de vergüenza y humillación, hasta la condena a muerte en la hoguera.

Es recién a comienzos del siglo XV cuando comienza con intensidad la persecución y condena de individuos por la acusación de brujería y elementos del estereotipo del aquelarre ya se encuentran plenamente desarrollados en los registros de los interrogatorios. Ya se había cristalizado la imagen completa de la bruja que había realizado un pacto con el diablo, con el fin expreso de dañar al prójimo, que celebraba con sus compañeros reuniones nocturnas, donde se practicaban los hechos más aberrantes. Fray Martín de Castañega en su Tratado de las supersticiones y hechicerías (Logroño, l529) describe las ideas que circulaban con respecto a estas ceremonias al relatar: "Más muchos de los sacrificios antiguos diabólicos y las más solemnes, se celebraban con sangre humana, ofreciendo, degollando y sacrificando a sus propios hijos e hijas al demonio". Esta costumbre de devorar niños o ofrecerlos en sacrificio al demonio, era uno de los elementos característicos del estereotipo de las brujas, así como también el vuelo nocturno, del cual Castañega menciona al decir que: "de creer es que permite (Dios) alguna vez que el demonio lleve por los aires a sus familiares"

En su introducción, el Tratado de Fray Martín de Castañega, declara que el propósito de su publicación era "que los visitadores y curas, y aún todos los clérigos deste muy honrado y grande obispado, lo tengan entre manos por ser materia peregrina... para quitar muchas ignorancias que muchos, que presumiendo de letrados, niegan las materias de las supersticiones y hechicerías". Los mismos que tenían la responsabilidad de reprimir la hechicería muchas veces estaban en confusión de los que realmente era superstición y lo que no lo era. Esto muestra el carácter de construcción del concepto mismo de superstición, cuyo fin era el disciplinamiento y control social sobre la población en general y los grupos marginales en particular.

La persecución de la brujería fue sin duda uno de los mecanismos puestos en marcha con el fin de destruir la cultura popular, y sus antiguos saberes. En los procesos de brujería se destaca una gran mayoría de mujeres acusadas y esto era así porque las mujeres eran precisamente las encargadas de custodiar esta sabiduría popular. Ellas eran las que presidían veladas nocturnas – posiblemente de aquí se derive la imagen del sabbat - que constituían unos de los mecanismos más tradicionales de transmisión cultural en el campesinado. Veladas en las que, junto al relatos de cuentos y de sucesos pasados, se enseñaban costumbres morales o se transmitían saberes sobre plantas y astros. El universo mágico se entremezclaba con la percepción popular del mundo. José Luis Romero en La cultura Occidental, planteaba que la realidad e irrealidad se confundían y entrecruzaban constantemente en la mente del hombre medieval, donde el sentimiento mágico del germano o la adivinación de lo misterioso que anidaba en los antiguos celtas pervivía, mezclándose con el dogma cristiano. Todo esto daba como resultado un rico mundo mítico.

Se puede decir que el proceso de destrucción de la cultura popular arrancó desde la difusión del cristianismo en Europa, pero es en el siglo XVI, donde este ataque se da con mayor vigor. La separación entre cultura de elite y cultura popular es muy notable a partir de este siglo. Así, la centralización del Estado, los cambios económicos, la Reforma religiosa, la Contrarreforma, la imprenta, entre otros aspectos que marcaron este siglo, forma el marco en el cual insertar y tratar de comprender el complejo fenómeno de la caza de brujas.
Esta persecución termina prácticamente para mediados del siglo XVIII. En Inglaterra la última ejecución se registra en l684, en Estados Unidos en l692, en Francia en 1745 y en Alemania en 1775. Fueron precisamente las altas autoridades teológicas, jurídicas y políticas que la habían iniciado, las que terminaron por eliminarla. El modelo preponderante de superstición va a pasar a ser el científico- racionalista. Uno de sus grandes exponentes, Voltaire (1674- l778), en sus Cartas Filosóficas razonaba: "Me parece que la naturaleza humana no tiene necesidad de lo verdadero para caer en lo falso... el primer hombre que se puso enfermo creyó sin esfuerzo en el primer charlatán. Nadie ha visto hombres – lobos, ni brujos y muchos han creído".
 
La superstición va a volver a ser nuevamente producto de la ignorancia y así, la creencia en la bruja satánica y sus abominables hechos, que segara tantas vidas, pasará a ser solo un recuerdo.

28/2/11

Medicina Popular (Siglos XV, XVI, XVII) (II): Enfermedades y Especialistas



► Mal de Aire, enganido, a sombra, mal de ojo.

Se entiende como mal de aire un complejo de ciertas enfermedades con un trasfondo mágico, que afectaban preferentemente a los niños, el mal de aire recibe su nombre al aire, que transmite una emanación infecciosa. Esta tiene su origen en determinadas personas u objetos.

Las causas de la enfermedad son diversas: animales, personas, muertos, astros y objetos. La gente creía que esto se debía un poco a la brujería, así como a los espiritus de los muertos y con los lugares donde se manifiestan ambos. Las encrucijadas, las puertas y las tumbas son el punto de encuentro preferidos por las brujas y los muertos. Asimismo a estos lugares también se les atribuye poderes curativos.Los síntomas médicos que se han podido constatar son muy inconcretos. Van desde las típicas manifestaciones de una alimentación deficiente, consunción, alteraciones de la piel, tuberculosis, falta de apetito, hasta el resfriado.

Para el inicio de la curación se evitaban los animales peligrosos, se efectuaban rituales de limpieza con humo y se empleaban amuletos. Estos rituales los hacían personas sabias, lograban vencer la angustia trasmitida por el niño a los padres. Para asegurarse que era mal de aire o mal de ojo se echaban hojas de laurel en un recipiente de aceite y de su movimiento, si se hunde o no, se sacan conclusiones sobre la presencia de mal de aire. En caso de sospecha de mal de aire, se frota un huevo crudo con cáscara sobre el vientre. Si al abrir el huevo, el interior era de color rojo, la causante del mal habría sido una mujer menstruante.

Había diversas formas de curar al niño, entre otras, la conocida como cortar el aire, donde una sabia corta una cinta sobre el cuerpo del niño mientras por su boca salen palabras de un conjuro. Otro forma de cortar el aire era atar al niño en una cruz de un camino de noche, si era desatado por un desconocido y mientras lo soltaba decía un diálogo determinado, la madre y el niño podían marchar a casa en silencio por otro camino.

El mal de ojo podía ser causado por tres factores: la relación con la envidia de los vecinos, la relación con la pérdida de la gracia y la relación con la mujer como autora. La pérdida de la gracia esta relacionada con el destino individual, puede transmitirse por nacimiento, por herencia, pecado, daño, maldición, encantamiento o castigo. En muchas ocasiones se cita como consecuencias la muerte, diversas enfermedades, la desgracia, la locura, la inversión en las acciones, la falta de apetito, la parálisis, cambios de conducta y los piojos. En general delata conflictos personales –depresiones-, alimentación deficiente –raquitismo-, trastornos de la nutrición, por lo que remiten al contexto socioeconómico.

Posiblemente el origen se remonte a la sospecha de que personas dedicadas a la brujería o a la hechicería que tuvieran alguna característica específica en los ojos eran capaces de provocar desgracias, enfermedades, e incluso la muerte a aquellos a quienes miraban. En cualquier caso, de todos los órganos del cuerpo, el ojo ha ejercido siempre un poderoso atractivo como fuente de toda especie de supersticiones, tanto por el poder de la mirada, como por poseer alguna malformación, o debido a su forma o color.

Para el diagnóstico se usaban diversos métodos entre otros la prueba del aceite, además la sabia podía enterarse de si había mal de ojo con ver una prenda usada del enfermo y realizar un exconjuro. También las echadoras de cartas podían llegar a este diagnóstico. Para prevenir y también con efecto terapéutico contra el mal de ojo se utilizaban amuletos, medallas de santos, bendiciones, los conjuros e incluso, golpear e intimidar al causante en un sentido simbólico. Hay ritos de limpieza del alma y otros ritos con fines curativos con la simbología cristiana y mágica: velas, oraciones, cruces, agua bendita, ajo, repeticiones, etc.
 
Otras terapias curativas se realizan quemando la prenda del enfermo y éste beberse las cenizas de la prenda en un caldo o bien se frota el enfermo con una planta, luego se arroja la planta al tejado de la casa y, mientras se seca la planta, desaparece la enfermedad, también se ahuma al enfermo con tres hojas de olivo, hierbas de San Juan, tres granos de sal y tres gotas de aceite.

Se teme a los gitanos, sobre todo, como causantes potenciales, ya que se dice que sus maldiciones se cumplen inmediatamente. Muchos creían que con sólo una mirada te podían causar mal de ojo.

El mal de ojo se relaciona también con la creencia de que mirar a alguien que tenga lo blanco del ojo muy grande trae mala suerte, así como ser mirado por alguien con nubes, cataratas u opacidades, o simplemente ser envidiado por alguien que mira a su víctima con “malos ojos” o malas intenciones es motivo de desgracias.

Popularmente se considera que las víctimas más propicias del mal de ojo son los niños pequeños, aunque los mayores y adultos no están exentos de padecerlo. En los primeros se manifiesta con llantos prolongados, enfermedades recurrentes o inquietud inexplicable; en los mayores, por una serie de infortunios y desatinos, así como por un desasosiego generalizado.


► La Celestina, la bruja urbana. El hechizo amoroso.

A este tipo de bruja, que está próxima a las tradiciones de la hechicería y con prácticas mágicas, en general, en forma, de bebedizos, muertes, curanderismo,  conjuros, encubrimiento, alcahueteo. Es especialista en la causa y curación de enfermedades. Se le atribuye sobre todo enfermedades infantiles y ginecológicas.

La celestina en los hechizo amorosos actúa como hechicera, se dedica a preparar bebedizos (filtros amorosos, aliños amorosos), que han de ligar al hombre (que toma el bebedizo mezclado con los alimentos o las bebidas) a una mujer determinada. El componente más eficaz y más importante es la sangre menstrual de la mujer, junto con otros componentes con efecto tóxico y de encubrimiento.

Las sobredosis tienen determinadas consecuencias : el hombre queda atontado, que es demasiado dependiente de la mujer. Pierde el control sobre la mujer, quien también, como esposa, emplea conscientemente bebedizos para hacerle ciego frente al adulterio. No se mencionan medidas preventivas, excepto el cuidado en la invitaciones a comer.

Pitt-Rivers destaca el uso selectivo de tales bebedizos: las sabias los preparan sólo para novios poco antes de su boda, cuya conducta social se valora como aceptable, es decir, teniendo en cuenta consideraciones morales. La enfermedad de estar aliñado muestra, así pues, componentes sociales. Se han transmitido recetas que pueden tener cierto efecto farmacológico.

Esta práctica ha sido, y sigue siendo, desvalorizada y perseguida como alcahuetería, ya que su uso no tiene que limitarse necesariamente al futuro cónyuge. Castillo de Lucas interpreta el hechizo amoroso como embrujamiento: una bruja o sabia, ejerce prácticas de encantamiento, en virtud de las cuales el embrujado se transforma drásticamente.


► Especialistas de la Curación.

Las competencias de hombres y mujeres en la curación de determinadas enfermedades están muy marcadas. Así sabias, entendidas, brujas y meigas son consideradas causantes, y al mismo tiempo especialistas en el tratamiento del mal de aire, mal de ojo y de algunas formas de brujería. Es decir, que a las especialistas se les atribuyen, fundamentalmente, los terrenos en las enfermedades infantiles, con causas mágicas, la magia amorosa, etc. Esto corresponde, en cierto sentido, al papel social de la mujer, caracterizado por la asistencia para el bienestar anímico y corporal de los miembros de la familia.

La variedad de denominaciones que reciben las especialistas se pueden clasificar según el criterio del fundamento de su saber y de los objetivos de sus prácticas. Poseen un saber esóterico , y a veces un poder divino o gracia que le posibilita sus éxitos curativos. Sin embargo, emplean sus prácticas y poderes para objetivos diversos.

Dependiendo de si es causante o curandera, se le designa un nombre meiga/bruja o sabia. En su papel de curandera aspira a revestirse de un aura santa (en la ornamentación y simbolismo de los rituales y en los objetos que utiliza).

14/2/11

Medicina Popular (Siglos XV, XVI, XVII) (I)

Los conceptos de medicina popular, folk medicine, volksmedizin designan ideas y prácticas medicas en un trasfondo mágico, religioso y natural –empírico-. A diferencia de la medicina académica, a la que siempre se contrapone y a partir de la que se define, por su posición dominante, la medicina popular es parte de las tradiciones transmitidas que se refieren a concepciones de enfermedad, posibilidades de diagnóstico y al tratamiento con determinados medios naturales (plantas, minerales, medios orgánicos) y mágicos. Pero se puede equiparar al curanderismo, ya que este presenta otra especialización. Ambos conceptos son abarcados por la denominación de “etnomedicina”.

Hay aclarar qué diferencias hay entre la curandería, la magia, etc. He aquí algunas facilidades para entender de qué estamos hablando:

Curandería. La curandería se distingue tanto de la medicina científica, que trata la enfermedad con remedios específicos desarrollados a través de la observación y la investigación, como de la medicina precientífica, que combate la enfermedad con conocimientos tradicionales, como puede ser el uso de ciertas plantas y hierbas, y es practicada a menudo por personas que poseen una cierta autoridad religiosa. Pese a que utilizan remedios empíricos, se considera que estos curanderos se comunican con los poderes sobrenaturales supuestamente responsables de la enfermedad y de su curación. De este modo la medicina precientífica y la curandería están relacionadas, y a menudo combinan un mismo tipo de tratamiento.

Los practicantes de la curandería creen que el origen de toda enfermedad reside en un desorden de la mente o del espíritu, para el cual sólo ellos conocen el remedio. Dos manifestaciones muy distintas de esta segunda actitud se observan en la ciencia cristiana y en las sectas cristianas carismáticas de curandería. La primera sostiene que el origen de todo mal, también la enfermedad física, reside en la ignorancia que la mente tiene de la auténtica realidad, mientras que la segunda considera la enfermedad en términos bíblicos, es decir, causada por los demonios y practica técnicas de curandería en virtud de las cuales el espíritu divino triunfa supuestamente sobre los espíritus malignos.

Magia. Arte de influir en el curso de los acontecimientos o adquirir conocimientos por medios sobrenaturales. La magia está relacionada con la alquimia, el ocultismo, el espiritismo, la superstición y la brujería. El término deriva de la palabra magi (magia). Según los antropólogos, este tipo de creencias existen en la mayoría de las culturas primitivas. Sin embargo, ciertas prácticas, como la buenaventura, la comunicación con los muertos, la astrología y la creencia en los números y amuletos de la suerte, se han perpetuado en las culturas más avanzadas.

Ocultismo (en latín, occulere, ‘ocultar’), creencia en la eficacia de una serie de prácticas, tales como la astrología, alquimia, adivinación y magia, basadas en el conocimiento esotérico u oculto acerca del Universo y sus fuerzas misteriosas.

Este conocimiento incluye como característica propia el concepto de las correspondencias, relaciones entre entidades del Universo —estrellas, planetas, gemas, colores—y, por ejemplo, partes del cuerpo humano o sucesos de la vida, de manera que utilizando esos conocimientos se pueden lograr curaciones o conocer el destino. También puede incluir la creencia en seres intermediarios —ángeles, dioses menores, espíritus, maestros ascendentes— entre la humanidad y Dios, con quien, los que son capaces, pueden contactar. El verdadero conocimiento oculto se obtiene a través de la iniciación con aquellos que ya lo poseen o por el estudio de los textos esotéricos en los que se expone.

Espiritismo, doctrina según la cual los muertos pueden entrar en contacto con los vivos, por lo general a través de un clarividente o médium; son también las prácticas de quienes profesan esta doctrina.

Superstición, creencia o práctica que por lo general es considerada como un hecho irracional resultado de la ignorancia o el miedo a lo desconocido. Implica una creencia en fuerzas invisibles y desconocidas sobre las que es posible influir a través de ciertos objetos o ritos. La magia negra o hechicería, la brujería y, en general todo lo oculto, se consideran a menudo supersticiones.

Brujería, conjunto de prácticas que realizan personas que se autodenominan brujos y brujas, a las que se supone dotadas de poderes sobrenaturales que ponen en práctica mediante ritos mágicos, en general para causar un perjuicio. Se conoce también como magia negra o hechicería.

La brujería se extiende por todo el mundo, pero ha desempeñado funciones muy distintas según la época y el lugar. La antropología moderna distingue entre la hechicería (que hace referencia a la brujería más simple practicada en las sociedades más antiguas), la brujería diabólica (los supuestos cultos al Diablo de las brujas y su persecución en Europa y Estados Unidos) y la moderna brujería (el movimiento neopagano).