Mostrando entradas con la etiqueta Drama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Drama. Mostrar todas las entradas

29/2/12

El último (Der letzte Mann, 1924) Murnau.


François Truffaut admitió en una ocasión que los cineastas debían resignarse ante la idea de que, en un futuro, fueran juzgados por críticos que desconocerían las películas de Murnau. 
Su obra, al igual que la de Griffith, Stroheim y Keaton, se inscribe en dentro del cine mudo, a diferencia de Lang, Hitchcock, Chaplin, Eisentein o Dreyer que siguieron durante mucho tiempo realizando películas sonoras. 
El aparente eclecticismo de su obra no ayuda a los amantes de las etiquetas, a pesar de la profunda búsqueda técnica y estética, obsesiva, de la que dan fe cada una de sus películas. En este sentido, se halla próximo a Kubrick, por otra parte tan alejado de sus preocupaciones morales e intelectuales.


Esta obra que hoy nos atañe, para mí es una de las mejores obras de Murnau, históricamente reconocido como el primer film que explotó el movimiento de cámara. Recuerdo la primera vez que la ví, hará unos cuatro o cinco años, en mi primer curso de Dirección de Cine, en una clase que la puerta de entrada estaba de espaldas a los estudiantes, con lo cual, cuando alguien entraba una ráfaga de luz nos cegaba a los que estabamos viendo la película. Tengo que decir, siendo sincera, que la primera vez fue muy dura, creo que sólo cinco o seis estudiantes no estaban dormidos, yo hacía esfuerzos para que los ojos no se me cerrarán. Pasados unos días volví a verla, en mi casa, sola, sin ninguna distracción y poco a poco me dí cuenta de la magnífica película que había realizado Murnau.
Mi consejo es no morir en el intento de verla, hay que verla más de una vez. Si a la primera se te atraganta, prueba un tiempo después, tiene otro color!


Es la historia de  un portero (Emil Jannings) de un prestigioso hotel de la ciudad de Berlín, el Atlantic; es un hombre orgulloso de su trabajo y respetado por todos. Vive aferrado al prestigio que le da su imponente uniforme. Pero un buen día, el gerente le indica que tiene que abandonar su trabajo debido a su edad y es degradado a mozo de los lavabos. Nuestro hombre intenta ocultar su nueva condición, llegando a robar el abrigo para volver a su casa y que nadie se entere. Pero todo se descubre y su mundo se derrumba.

 Fue la UFA, la productora del film, que a través de Erich Pommer (el más importante de la cinematografía alemana) reunió a lo mejor de lo mejor creando un equipo de técnicos y artistas inimaginable: F.W. Murnau; Carl Mayer, el guionista de más prestigio de la UFA que había trabajado en gran parte de las mejores películas realizadas en la época; el papel protagonista recaía en el actor más reputado de Alemania, Emil Jannings; y finalmente el cámara sería el profesional e imaginativo Karl Freund, quien jugó un papel importantísimo en el resultado final de la película.

El guión, inspirado en el relato "El Abrigo", de Nikolai Gogol, lo escribió Carl Mayer, uno de los mejores guionistas de la época. Su intención era culminar la trilogía de Lupu Pick (famoso actor y director alemán del período mudo) iniciada por ‘El Raíl’ (1921) y ‘Silvester’ (1923). Esta trilogía se inscribe dentro del movimiento llamado “Kammerspielfilm”, denominación que surge a partir de "Raíles" pero que procede del teatro. El llamado teatro “Kammerspiel”, que literalmente significa teatro de cámara, fue un tipo de teatro intimista, sin gestos ampulosos, por el que bregaba, especialmente, Max Reinhardt, otra personalidad muy influyente tanto en el arte escénico como en el cine de la Alemania de aquella época. Se trataba de darle a un número no muy grande de espectadores una función intimista donde las sensaciones se magnificaran, donde la actuación fuera contenida aunque reconocible y la iluminación estilizada. Del teatro, el “Kammerspiel”, pasó al cine de la mano de Lupu Pick y Carl Mayer. Se intentó dejar atrás personajes grandilocuentes y la estética poco realista del expresionismo para dar lugar a la representación de pequeños problemas humanos, dramas psicológicos, realistas, con pocos personajes, con situaciones ordinarias y en ambientes corrientes. 
"El último" es el punto cúlmine de esta corriente y, a la vez, una muestra de los últimos coletazos del movimiento expresionista.

Pero algunas desavenencias surgidas con Pick hicieron que Pommer, el productor, confiara el proyecto a Murnau.

Murnau y Mayer querían que la película acabara con el portero muriendo en los lavabos, pero la productora (algunas fuentes dicen que Jannings también influyó en el cambio), por motivos comerciales impuso un final feliz. Este final hay quien considera que refuerza la historia.

Es una obra cargada de simbolismos, como por ejemplo, el enorme cuerpo del portero, esa figura grande, viejuna y desarreglada, fatigada por las constantes humillaciones, asfixia al espectador y comprime su espíritu. O la puerta giratoria de la entrada del hotel se identifica con un mundo en constante cambio, sin pausa, un mundo en que igual estás dentro como de repente te ves fuera. La puerta que da acceso a los lavabos, en cambio, es una puerta oscilante, la cual podemos asimilar con la inestabilidad del personaje cuando pierde su empleo.

El cargar de significación los objetos, el convertirlos en símbolos, es otra característica de los “Kammerspielfilms”. El portero no es un hombre, sino todos los hombres, o más específicamente cierta clase social oprimida; el uniforme representa el poder, la autoridad, el status; y la puerta giratoria es el devenir de la vida, sus altos y bajos. 

En el rodaje se emplearon dos cámaras, una Pathé industrial y una Stachow, con las que se rodaron numerosas tomas destinadas a montar al menos tres negativos distintos.
Uno destinado a la exportación para la distribución de la película en el extranjero, con tomas de peor calidad, más lentas y más largas. Planos demasiado abiertos en momentos cumbre, fallos técnicos, etc. Esta copia llegó, entre otros lugares, a Inglaterra, España, Italia y Francia.
Otro negativo se destinó a EEUU y otro a Alemania. En general, las mejores tomas se aprovechaban para la copia alemana. En la copia de EEUU se hizo un montaje alternativo de algunas escenas, más estático, ya que sólo quisieron mostrar movimientos de cámara perfectos a sus competidores de Hollywood.
La gran novedad fueron los movimientos de cámara. Al nuevo sistema de rodaje se le denominó “La Cámara Desencadenada” (“Die entfesselte Kamera”).

La cámara, en ocasiones, nos ofrece un punto de vista subjetivo, vemos lo que ve el protagonista. Se introducen efectos visuales para representar la alteración del estado psicológico y la pérdida de seguridad del personaje.
Se usaron, en algunos planos, vidrios untados con vaselina para producir imágenes turbias. Dejando una parte del vidrio limpio y moviéndolo, se lograba que la imagen se volviera nítida.
También se mueven lentes ante el objetivo para distorsionar la imagen. Por ejemplo, en la toma del sueño una lente se movía al ritmo de los pasos de Freund, que llevaba la cámara en mano.

Freund usó su cámara Stachow de 8 kilos de peso, a la que puso un visor deportivo y un motor. Se la ataba al cuerpo con correas para seguir al actor. Por primera vez el espectador se adentraba junto con el actor en el decorado.

Para algunos movimientos se diseñaron complejos sistemas.
Se construyó un puente sobre el decorado, de donde colgaba un soporte de cámara, la cual manejaba Baberske (de menor peso que Freund). Este método lo usaron para conseguir el efecto de “sonido volador”. La cámara seguía el sonido de una trompeta o las voces de las vecinas.
Se usó una plataforma móvil para rodar la borrachera del portero; la cámara atada al pecho para tomas subjetivas; una plataforma con ruedas de caucho para algún travelling; hay quien habla también del uso de bicicletas y carritos de bebé...

El dinamismo de la cámara contrasta con algunos planos estáticos objetivos que hacen que el proceso de degradación del personaje quede magnificado.

Grande es la secuencia inicial de la película  en que Karl Freund rueda la presentación del espacio y el protagonista con un travelling que dejó boquiabierto al público del momento: la cámara desciende por el ascensor del hotel y atraviesa todo el vestíbulo hasta llegar a la entrada, donde pasa por la puerta corredera y filma admirativamente al portero descargando maletas. Este tipo de travelling tan dinámico era algo prácticamente inaudito y constituía el tipo de truco que dio al cine alemán la fama de ser técnicamente superior al de Hollywood, capaz de realizar hazañas con la cámara impensables.

La cámara comienza a moverse desde los primeros minutos y nunca dejará de hacerlo, dotando a la película de un ritmo único y sin precedentes porque, aunque este tipo de travelling fue utilizado por primera vez en 1913 por Pastrone y su operador Chomón en la película italiana "Cabiria", no poseía la significación que adquiere aquí. En "Cabiria" el travelling se usa con el sólo objeto de dar cuenta de la fastuosa escenografia, en "El último", en cambio, la cámara es el personaje, revela sus emociones y nos regala la posibilidad de sentir lo que él siente. Esta movilidad total de la cámara, que los alemanes llaman “cámara desencadenada”, además de revolucionar la técnica en procedimientos cinematográficos, le confiere a la obra un ritmo vital a contrapunto de la atmósfera opresiva que enmarca el drama psicológico, el cual sería muy difícil de soportar sin la fluidez de estos movimientos. 

La idea de descenso social, como consecuencia de la pérdida del uniforme y el relegamiento a ocuparse del baño de caballeros del hotel, está simbolizada constantemente. La hallamos en ese ascensor que baja en la primera escena, en los edificios que parecen derrumbarse encima del portero, en la escalera que se debe descender para llegar al baño, el nuevo puesto de trabajo del protagonista, en las tomas en picado con las que se filma empequeñeciendo el cuerpo de Jannings a partir de su destitución, en las puntas de su enorme bigote que desde ese momento ya no se encuentran hacia arriba.

Hay que destacar también otra secuencia magnífica, es el sueño embriagado del portero en que fantasea con que vuelve a su trabajo y consigue no solo descargar todos los equipajes de los clientes del hotel, sino que los maneja juguetonamente como si no pesaran nada. Este momento onírico está lógicamente recreado con un estilo más expresionista y difuso, reflejando no solo que se trata de un sueño sino el proceso de confusión mental por el que está pasando. Distorsiones ópticas y el pasaje onírico/embriagador en el cual Emil Jannings se tambalea borracho, acentuando de manera absorbente y realista las emociones de su personaje, para ello Freund se colocó la cámara en su pecho mediante un arnés, mientras mimetizaba el proceso interno del caracter observado.
 
Murnau juega constantemente con la iluminación y la oscuridad, con sombras recortadas en paredes, con puertas que se abren y se cierran dejando ver poco o mucho según el momento, con lo brilloso y lo opaco, con la luz que desprende una linterna. Crea un clima agobiante que se intensifica cuando llegado el epílogo feliz todo es iluminado con mayor claridad.



Cuando se rodó "El Último", Emil Jannings sólo tenía 40 años, por lo que se tuvo que someter a un cuidado proceso de caracterización realizado por Waldemar Jabs. Se dedicaban más de dos horas diarias a este proceso.
A Jannings lo rodean varios secundarios que acompañan perfectamente. Entre otros, Maly Delschaft (la sobrina), Emilie Kurz (la tia) y Georg John (el guarda nocturno).

Los impresionantes decorados urbanos, construidos en los terrenos de los estudios Neubabelsberg de Berlín, corrieron a cargo de Robert Herlth y Walter Röhrig, que llevaron a cabo un trabajo realmente espectacular. Hicieron croquis de todos los planos, y los llevaban al rodaje.
En esos dibujos, para los que contaban con indicaciones de Murnau y de Karl Freund, figuraba absolutamente todo: decorados, iluminación, encuadres, movimientos de cámara (ver fotos del final del artículo, a modo de ejemplo).

En cuanto a la música, para la versión alemana, se confió la composición a Giuseppe Becce, bajo indicaciones del propio Murnau. Se introdujo una pieza de la ópera Andre Chenier  que trata un tema parecido, como guiño para espectadores cultos.
En EEUU, la música la puso Hugo Riesenfeld. 

Por cierto, la película no tiene intertítulos. Murnau eliminó gran parte de las cortinillas explicativas porque las consideraba "un recurso excesivamente literario, que ralentizaba el ritmo general de los filmes y restaba expresividad a las imágenes". La ausencia de intertítulos, que era otra de las características de los “Kammerspielfilm”, en este largometraje en particular produce una inigualable fluidez en la narración. El único intertítulo que posee es el que precede al epílogo y no hace otra cosa que remarcar el carácter paródico y burlón de ese “happy end” al estilo americano. 
Sobre esto Siegfried Kracauer escribió: “El carácter de farsa de esta secuencia final corrobora el título introductorio, en cuanto éste expresa el descreimiento del autor en un final feliz que implique categorías tales como el azar y la buena suerte”. Presenciamos en esta película la confluencia de todos los recursos que el cine silente supo adquirir a lo largo de poco más de dos décadas. "El último" no tiene intertítulos y no los necesita.


"El arte, el arte auténtico es simple. Pero la simplicidad exige lo máximo de arte. 
La cámara es el lápiz del realizador. Debería tener la mayor movilidad posible a fin de registrar la más figurativa armonía de atmósfera. Es importante que el factor mecánico no se interponga entre el espectador y el film" F. W. Murnau (Ludwig Gesek: Gestalter der Filmkunst, Viena, 1848)


"Simplicidad, más y más simplicidad: he aquí cuál debe ser el carácter de los films del futuro... nuestro esfuerzo ha de tender hacia la abstracción de todo lo que no sea verdadero cine, hacia la exclusión de todo lo que no pertenezca al verdadero patrimonio del cine, de cuanto sea trivial y proceda de otras fuentes: recursos, moldes vulgares provenientes del guión o del libro. Pues esto es lo que le ocurre a un film cuando logra alcanzar el nivel del gran arte". F. W. Murnau




 


11/12/11

Frozen River: no siempre estará helado...



Perteneciente a la ola de cine indie americano, es la historia de dos mujeres que la vida no las trata bien precisamente. Ray Eddy, una mujer “white trash”, (Melissa Leo) y su familia viven en el estado de Nueva York, en la frontera con Canadá que conduce a Quebec. El marido y padre les ha dejado, no es la primera vez: su ludopatía le empuja a gastar el poco dinero que consiguen ahorrar. Y ha ocurrido en el momento más inoportuno, cuando esperaban adquirir una casa prefabricada, vivienda bastante más digna que el pobre barracón que ocupan en la actualidad.En tal tesitura, ella conoce a Lila Littlewolf (Misty Upham), una chica mohawk que le propone una manera de ganar dinero fácil. El plan es arriesgado: pasar inmigrantes ilegalmente por el helado río Saint Lawrence, con patrullas fronterizas en las dos orillas. Cada una tiene algo que a la otra le falta. Contactos para ganar dinero fácil, un coche con maletero automático, un aspecto que no levanta sospechas con la policía. La desesperación por ganar dinero empuja a Ray a aceptar la oferta. Ray conducirá el coche y se repartirán las ganancias. Al principio, la capa de hielo es gruesa, pero a medida que siguen con su negocio y el hielo se hace más delgado, Ray y Lila descubrirán que trasladar inmigrantes tiene un precio.

Magnífica muestra del mejor cine independiente de Estados Unidos, premiada justamente en Sundance. Se trata de una historia de apariencia sencilla, cuya mejor cualidad es la humanidad de sus personajes, empujados por las circunstancias a tareas que suponen traficar con seres humanos. Dirigida y escrita por Courtney Hunt. La música corre a cargo de Peter Golub, Shahzad Ali Ismaily. La fotografía queda en manos de Reed Dawson Morano. En el reparto tenemos a Melissa Leo, Mistry Upham, Charlie McDermott, Michael O´Keefe y Mark Boone Junior. 

Considerada por el Instituto de Cine Americano (AFI) como una de las 10 mejores películas de 2008, Frozen River ha recibido numerosos premios y reconocimientos, como el de Mejor Actriz en el Festival de San Sebastián, el Gran Premio del Jurado en Sundance, así como dos nominaciones a los Oscar, al Mejor Guión Original y a la Mejor Actriz.

El cine estadounidense ha incluido frecuentemente indios entre sus personajes, dándoles un tratamiento escasamente elaborado y verosímil. Citados despectivamente como “pieles rojas” o incluso “salvajes”, fueron interpretados habitualmente por blancos caracterizados exiguamente.

John Ford aportó en "Cheyenne autumn" (El gran combate, 1964) una de las primeras miradas sensibles con su realidad, poniendo de manifiesto la llegada de su ocaso definitivo. Frozen River recoge el testigo de John Ford años después. Estamos a principios del siglo XXI, cuando los indios viven en reservas. Mantienen ya muy pocos rasgos autóctonos y han adoptado una forma de supervivencia subsidiaria de la del hombre blanco, cuya policía los vigila con desconfianza desde el límite territorial.

La directora, Courtney Hunt, da un paso más allá al situar la acción junto a la reserva Mohawk, en la frontera con Canadá. Nuestro tiempo no sólo ha confinado a la población india, sino que ha establecido otras divisorias que sitúan al recién nacido afortunado en el bando de la opulencia y al desafortunado en el de la pobreza.




Si el Río Grande dibuja la línea sur que atraviesan los “espaldas mojadas”, el San Lorenzo señala la raya norte donde confluyen inmigración ilegal, reserva india y pobreza. Porque, y esta es la aportación de Frozen River, no hace falta ser indio o haber nacido en México para ser pobre. En América, una concatenación de hechos desafortunados como la adicción al alcohol del marido, llevará a una mujer a la miseria. Entonces, para ella, desaparecen las diferencias y los prejuicios raciales. Terminará por sentirse igual a la india abocada a delinquir para salir adelante y a los asiáticos de limitadísima cultura que entran ilegalmente en su país.

Las similitudes con otras películas son evidentes, como por ejemplo con María, llena eres de gracia (2004). Una situación frustrante, sin perspectivas ni motivaciones en el horizonte, llevan a las protagonistas a cometer un acto ilegal. La necesidad obliga, incluso, a arriesgar las vidas. En María, llena eres de gracia el peligro está en que una pepa de heroína se rompa en el estómago, en Frozen River la muerte acecha bajo la capa de hielo. En ambos casos sólo queda rezar para que no te toque la lotería. Sin embargo, el peligro no acaba aquí. La policía, que no es tonta, vigila en ambos lados de la frontera, lo que convierte a la empresa en una tarea casi imposible, saltar de la sartén para caer al fuego.

Entre el thriller y el cine social, la realizadora Courtney Hunt (Memphis, Tennessee, 1964) va desgranando una historia que surge de la necesidad del ser humano de seguir adelante, pese a las adversidades. Lo hace, afortunadamente, sin sentimentalismos ni grandes estruendos y dentro del mejor cine independiente americano. El resultado es una narración fronteriza de las que dejan huella, pero también una historia de amistad que hace evidente la inexistente relación entre la comunidad india Mohawk y la estadounidense. Una película que rebosa naturalidad, una mezcla de Fargo y Thelma y Louise.
El primer largometraje de Courtney Hunt (basado en un corto previo de la propia realizadora) es puro lujo, con interpretaciones soberbias y un relato estremecedor (especialmente conmovedora resulta la escena de la pareja paquistaní y su bebé) que nos acerca al drama de la inmigración ilegal, la pobreza y la marginación. Hunt ha trabajado también en algunos episodios de la magnífica serie In Treatment.

Al tema del encuentro interracial y la superación de las diferencias en base al común denominador del corazón humano, se añade la cuestión recurrente de la ausencia del padre, el sacrificio redentor que nace del agradecimiento, el perdón e incluso la trascendencia. Dos mujeres maltratadas por la vida aprender a mirarse a la cara y a sacrificarse la una por la otra cuando descubren el valor de la vida y la alegría de tener a alguien a quien amar. Sutil, intensa, con un fenomenal manejo del ritmo, unos personajes magníficamente caracterizados (atención al hijomayor de Ray) y una fotografía bella y desoladora al mismo tiempo.

Está muy bien trabajada la progresión en la relación entre las dos mujeres, hasta llegar a algo muy parecido a la amistad, que como es sabido se demuestra en el sacrificio por el otro, en este caso la otra. Y también está bien perfilado el hijo adolescente, y los valiosos secundarios, ya sean los mafiosos de turno, o los policías, mostrados como auténticos seres humanos. Hay momentos de intenso dramatismo -el traslado de un matrimonio pakistaní, con la pérdida de un bebé precisamente en Nochebuena-, y un inspirado final.

La película es sobria, la luz está teñida de fríos azules, el paraje donde transcurre la acción, con el río helado, da pie a una preciosa fotografía, muy efectiva.
La estructura lineal que enmarca un lapso temporal breve, donde la secuencia de acontecimientos no se extiende mucho más allá de lo presentado en el metraje, no es más que la lógica consecuencia de una hábil elipsis, referida tanto al bagaje precedente como a la inmediata posteridad. De esta manera, la trama se constituye como un rito transitorio entre una situación inestable (y detestable) y una estabilidad atropellada, pero suficiente.
El guión, nominado al oscar al mejor guión original, empresa nada fácil para un filme independiente, contiene los ingredientes requeridos para que todo funcione, sin caer ni en excesos ni en gestos tímidos. El potencial literario de la obra es notorio y su capacidad dramática posee un nivel destacado.Magistralmente interpretada por el dúo de actrices protagonistas, sobre todo Melissa Leo, que logra que en cada plano su personaje reclame la parte de felicidad que le corresponde y que la vida le ha arrebatado, y su determinación en hacer lo que sea necesario para proteger a sus hijos.
Gran trabajo de las desconocidas actrices, Melissa Leo y Misty Upham.



La puesta en escena es contundente, pero llena de buen gusto y sin caer en el fácil deleite por lo dramático. El tratamiento de las situaciones demuestra una gran simpatía por lo humano y nunca cae en la tentación de lamerse las heridas. En este sentido es muy interesante la figura del hijo mayor, T.J., un chico que ha aprendido a madurar y que afirma el valor positivo de la realidad a pesar de los nubarrones que se ciernen sobre su cabeza.

Hunt consigue que aunque las protagonistas de la película sean las traficantes de seres humanos (víctimas además de la pobreza y de la marginación), tampoco se quede en segundo plano el problema de los inmigrantes (la familia hindú, las dos chicas chinas...). Las circunstancias de todos ellos quedan dibujadas en un instante, con una mirada... pocos directores son capaces de conseguir eso. Al final, un relato completo, dibujado desde diferentes perspectivas, y sostenido por una estimulante intepretación de sus actores principales.



Tarantino dijo de la película que "es uno de los thrillers más inquietantes que he visto".

"Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres" Sófocles












7/6/11

Character (Karakter, 1997) Mike Van Diem



Film del holandés M. Van Diem, que ganadora del Oscar a la Mejor Película de Lengua Extranjera en 1998, basado en la novela homónima de Ferdinand Bordewijk.

Katadreuffe es un joven que atraviesa por dificultades económicas en la Rotterdam de los años 20. Vive bajo la tiranía de su padre, el dominante alguacil Dreverhaven, un hombre que todavía no ha aceptado que la madre del chico lo abandonara y que vuelca toda su rabia y fustración sobre su hijo. 
Durante un interrogatorio, el joven cuenta su historia: es el fruto de un único encuentro entre Dreverhaven y un ama de llaves, Joba Katadreuffe, quien rehusa casarse con el áspero oficial. Obsesionado con su hijo pero incapaz de ofrecerle amor, Dreverhaven decide prepararlo para la vida haciéndole las cosas difíciles. Cuando falla el primer intento en el mundo de los negocios de Katadreuffe, se encuentra con deudas ante un banco presidido por su padre que rápidamente le inicia un juicio por quiebra. 
Katadreuffe decide convertirse en abogado y es contratado por un estudio dirigido por el compasivo De Gankelaar (Victor Löw). Pero su padre continúa acosándolo. Finalmente, el joven le anuncia que se graduó. Dreverhaven lo felicita. Pero Katadreuffe no acepta los halagos de la persona con la que siempre estuvo enfrentado.  

Es un duro drama que narra la relación entre un hijo ambicioso -que busca abrirse camino en la vida- y su padre, un hombre rudo y miserable que no sólo le ignora, sino que le coarta su existencia.

Van Diem llegó al cine como aficionado, luego como crítico y, finalmente, a los 26 años, como estudiante. Cuatro años más tarde, en 1989, su film de graduación ("Alaska", un thriller de 45 minutos), pareció ponerlo en el camino del éxito, ganando diversos premios, entre los que se encuentran el Becerro de Oro (Golden Calf), máximo galardón del cine holandés, al mejor cortometraje y el premio norteamericano Student Academy Award. 

En 1991, el productor holandés Laurens Geels lo contrató como asistente de dirección y lo instó a que leyera "Carácter", una novela de 1938 con la idea de hacer una versión cinematográfica. Pero Van Diem no estaba listo.  Sería a principios de 1995 cuando decidieron retomar la idea de realizar la película.

La película se centra en tres aspectos fundamentales: la superación personal de un individuo que deberá ir formando su personalidad en un clima hostil y alejado de cualquier tipo de contención familiar; la tensión en las interrelaciones familiares debido a una fuerte puja de imposición de caracteres y la demostración de autosuficiencia por parte de cada miembro de esta familia.

El comienzo de la película es impresionante, su ritmo y su montaje. La separación y el silencio parece ser el sino de los personajes. La relación entre padre e hijo queda establecida por la persecuión, la provocación, el rencor y la violencia. El daño a la sensibilidad del joven es patente y se manifiesta en la imposibilidad de profundizar en sus relaciones humanas con otras personas. Lo que rige las relaciones de Deverhaven, Katadreuffe y Joba, este triángulo de silencio, es el orgullo. La soberbia es lo que marca esta grave represión de los sentimientos. Katadreuffe es formado entre el orgullo y el silencio porque ambos padres son soberbios y ninguno cede ni muestra sus sentimientos.
El detalle final de la carta a Katadreuffe firmada con la palabra Padre libera por fin los sentimientos contenidos a lo largo de toda la película. En ese sentido, este film tiene una estructura de melodrama, del cual han sido eliminados todos las manifestaciones externas de emoción, lo que carga las escenas con mayor tensión. 
La cámara se mueve todo el tiempo, pero no se mueve en base a una estética que quiera subrayar su presencia por si misma, no es preciosista. Todos los movimientos de la cámara están sujetos a la economía narrativa y están dirigidos a marcar, subrayar o mostrar un momento de la trama o la acción de un personaje.La atmósfera del film recuerda un poco a Fritz Lang. El ritmo del montaje es rápido  y tenso, remarca las escenas más dramáticas con cortes breves (como en el suicidio).

6/6/11

Ascent by Larisa Shepitko | "Восхождение" Ларисы Шепитько


Primero, quiero pedir disculpas, no he encontrado otro clip, uno en el que esté subtítulado, así todo espero que os guste y que os abra el apetito de verla en la filmoteca o en casa.

Se trata de uno de los últimos films de Larisa Shepitko, morirá en el transcurso de su siguiente film, con él ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín.
Con un guión de Yuri Klepikov y la propia Larisa, se basaton en la novela de Vasili Bykov; la fotografía en blanco y negro fue dirigida por Vladimir Chukhnov y Pavel Lebeshev. En el reparto: Boris Plotnikov, Vladimir Gustyukhin, Sergei Yakovlev, Lyudmila Polyakova, Viktoriya Goldentul, Anatoly Solonitsyn, Mariya Vinogradova y Nikolai Sektimenko.
Durante la Segunda Guerra Mundial, dos partisanos soviéticos se apartan del grupo, que está hambriento, para ir a una pequeña granja a coger provisiones. Pero, como los alemanes han llegado primero, tendrán que seguir recorriendo territorio ocupado para encontrar otro sitio donde abastecerse.

Shepitko evita dar lecciones propagandísticas o patrióticas ofreciendo en su lugar un potente drama psicológico, además de aportar un toque “trascendental” obtenido, como no, centrándose en un retrato muy físico de rostros y paisajes antes que en recursos artificiales y tramposos. Con el ubicuo Anatoli Solonitsyn interpretando a un interrogador.
Formada en la mítica escuela moscovita VGIK, Larisa Shepitko (1938-1979) dirigió tres interesantes películas (incluyendo Alas, recientemente restaurada por Criterion) antes de ganar el Oso de Oro en el festival de cine de Berlín por La ascensión, pero por desgracia su carrera terminó poco después debido a un mortal accidente de tráfico. Hoy en día Shepitko suele ser recordada más por haber sido la esposa de Elem Klimov (Ven y mira) que por sus logros como directora; sin embargo, creemos que un vistazo a su obra maestra bastará para convencer a cualquiera de que fue una artista con un excepcional talento cuya filmografía fue prematuramente truncada.

Algunos de los filmes de Larisa Shepitko muestran los espacios sociales y sus instituciones a través de los individuos. Shepitko pertenece a una generación de cineastas del pos-guerra, como Andrei Tarkovski, Sergei Paradjanov, Klimov, su compañero desde el rodaje de Alas, o Marlen Khuciev, que tienen en común el hecho de ser más subjetivos y una mayor preocupación por la innovación formal. Se alejan definitivamente del realismo soviético anterior, tal como ya lo habían hecho Kalatozov y Chukrai. Shepitko fue aprendiz de Alexander Dovzhenko, como Paradjanov, e intérprete de Poema del mar (1958), película póstuma realizada por Julia Solntseva. Estos años animados por un clima de mayor libertad del gobierno de Jruschov, han hecho posible un cine más crítico y distante con el periodo estalinista. Pero estos años no duraron mucho. Tras el alejamiento forzado de Jruschov muchas de estas películas fueron prohibidas o censuradas, de tal forma que buena parte de este nuevo cine no se vio, entre ello los filmes de Shepitko.

Más allá de la importancia histórica y del marco material, en los filmes de Shepitko hay una dimensión más invisible e inmaterial. No sólo porque el marco histórico se muestra a un nivel más privado, lo que hace que, por ejemplo, se detenga de forma crítica en las relaciones entre los sexos, sino también porque hay algo muy misterioso en su cine. Presencia y ausencia de personas en el espacio o un presente irrumpido por una dimensión onírica o por hechos del pasado, pero Shepitko mantiene estos rasgos siempre a un mismo nivel, siendo difícil distinguirlos.

28/5/11

Lonesome (Soledad) de Pál Fejös

                                                                                                                                                                                   

Pál Fejós, junto con Michael Curtis y Alexander Korda, es uno de los más grandes directores húngaros de cuantos emigraron a Hollywood y el mejor del período mudo (Pán, 1919; Las estrellas de Eger, 1923). Con posterioridad, sus películas se orientaron hacia el experimentalismo (The last moment, 1928) y hacia el realismo intimista (Soledad, 1928; Broadway, 1929; Tempestades, 1933). 

Llegó a Nueva York en 1921 y comenzó a trabajar como ayudante de investigación en el Rockefeller Institute de esa ciudad, puesto que ocupó durante más de dos años. Al mismo tiempo fue asesor del Theatre Guild sobre obras de "atmósfera húngara". Abandonó sus investigaciones médicas y se dirigió hacia Hollywood para buscar fortuna. Consiguió vender algunos argumentos a productores modestos pero no consiguió abrirse camino dentro de la industria. Escribió el guión y dirigió Magia roja (1927), protagonizada por Conrad Veidt como un mago enamorado de su joven ayudante. Al enamorarse ella de un nuevo compañero, Veidt planea una sangrienta venganza. Rodada como una película muda, se le añaden diálogos posteriormente. Con 5.000 dólares que le prestó un amigo dirigió en menos de un mes The last moment (1928). En ella muestra a un suicida a punto de morir que ve desfilar toda su vida delante de sus ojos. Se trata de la primera película experimental de largometraje que se hizo en Estados Unidos. La película llamó la atención de la Universal, especialmente la del hijo del fundador del estudio, Carl Laemle Jr., que le contrató para dirigir la que fue su obra maestra, Soledad (1929). Drama de dos personajes, un hombre y una mujer que se conocen en un parque, éstos son magníficamente interpretados por Glenn Tyron y Barbara Kent. El fugaz encuentro da sentido a sus vidas, pero la multitud les separa. Se buscan durante todo un día y cuando han perdido toda esperanza de volver a verse, se encuentran en la escalera de su casa: son vecinos sin saberlo. Fejos contó para su realización con todos los adelantos técnicos del estudio y consiguió la mejor película de su etapa americana y de su carrera. 

Soledad colocó a Fejos en una posición privilegiada en la industria del cine en Hollywood. Preparó por aquel entonces su proyecto más ambicioso hasta la fecha, Broadway (1929), versión cinematográfica de un tremendo éxito teatral de George Abbot y Phillip Dunning que otros estudios imitaron. Laemle decidió justificar el proyecto convirtiéndolo en una gran superproducción espectacular. Para ello, Fejos se dedicó a experimentar durante el rodaje de los números musicales con una monstruosa grúa que superaba técnicamente todo lo visto hasta el momento. El público dio la espalda a la película y no obtuvo las recaudaciones esperadas. Después del relativo fracaso de Broadway comenzó la producción de La Marsellesa, una epopeya sobre la Revolución Francesa que finalmente se llamó Captain of the guard. A las cuatro semanas de comenzar el rodaje fue despedido y sustituido por John S. Robertson, único director que apareció en los títulos de crédito. 

El excesivo experimentalismo de Fejos le apartó paulatinamente de otras producciones, como el musical sobre un músico de jazz protagonizado por el director de banda Paul Whiteman que fue dirigido por Murray Anderson. Abandonó la Universal y comenzó a trabajar para la Metro Goldwyn Mayer, donde dirigió las versiones francesas y alemanas de The big house (1930). 

Decepcionado por la industria americana e incapaz de llevar sus proyectos a buen puerto, abandonó Hollywood y regresó a Europa, donde realizó diversas películas. Entre las de mayor éxito de esta etapa destaca Fantomas (1931). En 1935 abandonó el cine de ficción y se dedicó al documental. Unos años después dejó definitivamente el cine y retomó su carrera científica. Llegó a ser director de la institución Werner-Green para la investigación antropológica y una figura destacada de la comunidad científica internacional. Murió en 1963. 

Lonesome, en la actualidad, sólo existen dos copias en el mundo, una de ellas fue restaurada por George Eastman House. Sobre la versión muda la productora realizó otra, a la que se le agregó diálogos doblados y música, ya que cuando se terminó el rodaje del film comenzaba la etapa sonora del cine. 

La película muestra la rutina de cada protagonista, desde las 7.30 am del día 3 de Julio hasta las 02.00 de la madrugada del día siguiente. Comienza con una secuencia en montaje paralelo donde se presentan a los personajes y la gran vorágine hiperactiva de una metrópolis. El encadenado con el reloj durante la jornada laboral es una maravilla, te lleva un poco a The Crowd de King Vidor. Magnánimo es el momento de levantarse de la cama, cómo la cámara sufre de hiperactividad, siguiendo los movimientos de los personajes.

En realidad, cualquier secuencia de la película es para reseñar, pero sin duda, podemos destacar la de la montaña rusa del parque de atracciones de Coney Island, ese frenético movimiento, experimental y moderno para 1928. Sin sonido y sólo con el movimiento y sus personajes, lo que dá de sí la imagen.


No sé qué os parecerá esta película, pero a mí la primera vez que la ví me dejó muda, nunca mejor dicho ;O  Y hoy en día me maravilla igual que la primera vez. Por favor, disfrutar de esta pequeña gran joya!
 

 


18/2/11

"Before the Rain" Milcho Manchevski.



Opera prima del director macedonio Milcho Manchevski. Ganó más de 30 premios internacionales incluyendo el León de Oro en Venecia.

Tres historias separadas comparten como trasfondo la Guerra de los Balcanes: la primera, comienza en un monasterio dónde un interno descubre a una joven refugiada albanesa de origen musulmán que se oculta debido a unas acusaciones de asesinato.
La segunda se ubica en Londres. Aleksander es un fótografo que trabajaba como corresponsal de guerra, el cual tiene problemas con su pareja.
En la tercera Aleksander regresa a Macedonia después de haber estado ausente varios años, se encuentra un país dividido por la guerra entre cristianos y musulmanes albaneses.
Las tres historias son magníficas. "Palabras" para el tramo más silencioso, "Caras" para el tramo más cercano a nosotros, y "Fotos" para el tramo final de ese círculo que, como bien dice el autor, nunca se cierra.

Según el director, el título del film hace referencia a "la sensación de tensa expectativa que se produce cuando el cielo está cargado y amenaza tormenta". Esta tensión de la espera antes del estallido de la lluvia es la viva imagen que mejor ilustra la situación de las luchas nacionalistas en los Balcanes y concretamente la situación de Macedonia, que consiguió la independencia la última semana del rodaje. Los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes no desencadenaron un conflicto armado como en otros regiones del antigua Yugoslavia, pero igualmente estaba presente toda la fuerza del odio y la violencia entre las diferentes comunidades que convivían en el mismo territorio.

El director al recoger el León de Venecia afirmó: "el film no trata sobre la guerra, sino sobre la gente que tiene que tomar decisiones. Habla sobre el hecho que, en algún momento de la vida, todos tenemos que tomar partido. Cuando alguien se encuentra en la situación extrema de una guerra, la situación por sí misma es mucho más radical, y por eso es por lo que necesariamente hace falta situarse en un bando determinado. Por esto, el film tiene el título de Before the Rain y no Before the Tempest, que me parecía demasiado obvio".

La visión personal de Manchevski no pretendió retratar la realidad de las condiciones en su tierra (no se trataba de hacer un simple documental), sino que buscó explorar la manera en la que el odio, la intolerancia, el destino y los malentendidos desencadenan en conflicto y en sangre, entendiendo la violencia como algo latente en el mundo, capaz de escalar cualquier situación hasta dominarla totalmente. Según Manchevski
"la película se basa en tres modelos míticos: Ulises o el regreso, Romeo y Julieta o el amor imposible, y Hamlet o el cuestionamiento. Para mí el cine no es realmente un arte sino un medio para contar mitos. Mi trabajo de cineasta consiste en encontrar la manera de contarlos en un lenguaje nuevo pero no más, porque no se pueden inventar nuevos mitos". 

imagen

TÍTULO ORIGINAL: Pred Dozdot
AÑO: 1994
DURACIÓN: 110 min
PAÍS: Macedonia
DIRECTOR: Milcho Manchevski
GUIÓN: Milcho Manchevski
MÚSICA: Anastasia
FOTOGRAFÍA: Manuel Teran
REPARTO: Katrin Cartlidge, Rade Serbedzija, Gregoire Colin, Labina Mitevska, Jay Villiers, Phyllida Law
PRODUCTORA: Coproducción Macedonia-GB-Francia
PREMIOS 1994: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa
1994: 5 premios en el Festival de Venecia, incluyendo León de Oro, actor (Serbedzija)
1994: David de Donatello: Director (Milcho Manchevski)
1994: premio Independent Spirit: Mejor película extranjera
GÉNERO: Drama