20/3/12

Fotografía post mortem




La fotografía de post mortem, es una práctica que data del s. XIX, surgió en París, consistía en vestir al difunto con sus mejores atuendos, accesorios y joyas y hacerle una fotografía antes de enterrarlo. Todo lo contrario de lo que hoy en día pensamos, este tipo de fotografía se consideraba "chic", glamourosa que se dice hoy. Hay que tener en cuenta que estamos en pleno romanticismo, donde la nostalgia, la melancolía, el amor, la muerte tenía todo un halo de misterio y eso estaba muy en boga.

Además, hay que tener en cuenta que la fotografía no estaba tan extendida, de tal modo que mucha gente moría sin haber podido ser retratado en vida. De ahí que muchas familias desearan fotografiar "post mortem" a sus seres queridos para que todo el mundo supiera que esa persona había pertenecido a aquella familia. Muchas de estas familias que se permitían el lujo de fotografiar a sus muertos, lo hacían porque creían que el espíritu de la persona muerta quedaría para siempre en la imagen, así podrían mantener algún tipo de conversación espiritual llevando la foto encima.

Encontramos antecedentes de crear la imagen del memento mori con los retratos del Renacimiento. La composición de retratos de muertos, especialmente de religiosos y niños se generalizó en Europa desde el siglo XVI. Los retratos de religiosos muertos respondían a la idea de que era una vanidad retratarse en vida, por eso una vez muertos, se obtenía su imagen. En estos retratos se destacaba la belleza del difunto y se conservaba para la posteridad. Los retratos de los niños en cambio eran una forma de preservar la imagen de seres que se consideraban puros, llenos de belleza y eran la prueba misma de que la familia del desafortunado niño, había sido elegida para tener un "angelito" en el cielo.

Teniendo en cuenta que nos encontramos en el s. XIX, la cámara es el daguerrotipo, por lo que la exposición  seguía siendo tan larga que se construían soportes disimulados para sostener la cabeza y el resto de los miembros de la persona que posaba evitando así que ésta se moviera.
Algunos retratos póstumos se caracterizan por los variados artilugios de los que se servían los fotógrafos para embellecer la imagen y despojarla de la crudeza de la muerte, intentaban algún tipo de arreglo para mejorar la estética del retrato. En algunos casos se maquillaba al difunto o se coloreaba luego la copia a mano. En la mayoría de los casos a la persona se le fotografiaba en una cama o en su ataúd, como durmiendo. Sin embargo, en ocasiones también sentaban al difunto en una silla, o alrededor de sus familiares. A veces, agregaban elementos icónicos -como por ejemplo una rosa con el tallo corto dada vuelta hacia abajo, para señalar la muerte de una persona joven, relojes de mano que mostraban la hora de la muerte, etc.Los militares, los sacerdotes o las monjas eran, por ejemplo, usualmente retratados con sus uniformes o vestimentas características. La edad del pariente que acompañaba al difunto era el hito temporal que permitía ubicarlo en la historia familiar. Los deudos que posaban junto al muerto lo hacían de manera solemne, sin demostración de dolor en su rostro.

"Angelitos" era la forma en que en el siglo XIX se conocía a las fotografías post mortem de niños. Teniendo en cuenta el alto índice de mortalidad infantil de dicha época donde una familia común solían tener entre 8 y 10 hijos, la media de fallecimiento era de la mitad. En ese contexto, las fotografías del niño fallecido junto a sus padres y/o hermanos estaban comprensiblemente aceptadas.

El negocio de la fotografía post mortem fue in crecendo conforme se iba demandando retratos de ultimas voluntades, ya fuese por petición del propio difunto en vida o por los familiares. Los fotógrafos del momento vivían espeluznantes anécdotas cuando se encontraban con un séquito en sus salas ansiosos de poder retratar a su ser querido antes del sepelio, fue entonces por lo que comenzaron a desplazarse a domicilio como queda reflejado en un articulo del periódico español "El Nacional", de 1861. 


"Imagina que eres parte de una familia en la era victoriana. La muerte es parte de tu vida diaria, así que es mucho más fácil de aceptar. La taza de mortalidad durante esta época era prácticamente igual al número de nacimientos. La mayoría de las muertes eran de niños a causa de la viruela y la fiebre amarilla, y mujeres que morían en el parto. A menudo los niños le eran arrebatados de su familia antes de su primer cumpleaños." 















He aquí algunas galerías de imágenes:


12/3/12

Cortometrajes de Grandes Maestros 3

Vincent, de Tim Burton.Es el primer trabajo de Tim Burton como director, un excelente corto en el que narra en verso de un niño de 7 años llamado Vincent Maloy, quien está obsesionado con el actor Vincent Price (precisamente es quién pone la voz al narrador) y el escritor de terror Allan Poe. Realizado en stop motion. Vincent está basado en un poema que Burton escribió al estilo de los cuentos del Dr Seuss ("How the Grinch stole Christmas", entre otros) mientras trabajaba para Disney. El personaje del niño está basado en el propio Burton.
Vincent Price recitó la poesía para el corto y más tarde mantuvo una amistad con el director Burton que se materializó en una colaboración para Eduardo Manostijeras (y un documental inacabado filmado por Burton titulado Conversations with Vincent. Price murió en 1993).
El corto fue proyectado durante dos semanas en un cine en L.A. junto con la película Tex y consiguió ganar varios premios. El cortometraje acabó en los archivos de la Disney dado que no sabían que hacer con él. Se trataba de un corto de 6 minutos en blanco y negro que no tenía más mercado que el formato de los festivales de animación. Más tarde se recuperó para proyectarlo con "Pesadilla antes de Navidad" e incorporarlo en el DVD de la misma.

Luna, de Alejandro Amenábar. Segundo corto para el genial director, fotografiado por Mateo Gil y protagonizado por Eduardo Noriega y Nieves Herranz. Rodado en b/n, es una historia de suspense, te advierte de los posibles peligros de hacer autostop por la noche. Con este corto Alejandro, recibió en 1994 el Premio Luis García Berlanga al mejor guión y premio a la mejor banda sonora de la AICA.
 

Bed Head, de Robert Rodríguez. Corto que Robert realizó a sus 23 años mientras era estudiante de la Universidad de Texas. Dirigida por Robert y escrita con la colaboración de su hermano David, los actores son las propias hermanas del director y David. Parte del dinero recaudado por el corto en varios festivales se utilizó para filmar El mariachi. 
El corto cuenta la historia de Rebecca y David, ambos hermanos. Tras un accidente provocado por este último, la pequeña despierta con un don especial que no dudará en utilizar contra su monstruoso hermano... . 
Robert Rodríguez utilizó una silla de ruedas como travelling, el stop motion como efecto especial resultón y una voz en off siempre presente que aliviaba la falta de profesionalidad de sus intérpretes.

Geometría, de Guillermo del Toro. Un chico convoca a un demonio para aprobar su curso de geometría pero las cosas no salen como él espera.


The heart of age, de Orson Welles. Cine Mudo. Uno de los primeros cortos del gran realizador americano. Algunos lo entienden como una sátira de la sociedad americana previa a la segunda guerra mundial. Rodado junto a su compañero de instituto, William Vance y realizado en 16 mm cuando tenían 19 años en una vieja granja de Woodstock que pertenecía a su familia. Además de codirigirlo, Welles, aparece bajo la apariencia de “muerte” junto a Vance, Paul Edgerton y la actriz Virginia Nicholson, su primera esposa, envejecida por el maquillaje exagerado como una mujer anciana que se balancea sentada sobre una campana. Es una película experimental, de lenguaje claramente surrealista, que para algunos intenta parodiar el expresionismo de Murnau, Lang o Wiene y para otros es un claro homenaje al movimiento alemán que recuerda en su estructura de acciones repetitivas y movimientos fracturados a “El acorazado Potemkin” de Einsenstein.
 
Rozbijemy zabawe, de Polanski. Una fiesta de graduación es arruinada por unos “aguafiestas”. Primer cortometraje del laureado realizador polaco.


7/3/12

Nicolás de Lekuona: el fotomontaje.

Nicolás de Lekuona nació en Ordizia, Guipúzcoa en 1913. Además de fotografía practicó dibujo, pintura, diseño y literatura. Estudió artes y oficios en San Sebastián. Su primera exposición fotográfica la llamó "pinturas industriales" y la realizó en 1932.
 
Poco después, tras morir su padre, se trasladó a Madrid para formarse en la escuela de aparejadores. En Madrid hizo buenas relaciones: conoció a Gómez de la Serna (famoso por sus greguerías) y a otros intelectuales de la época, como Jorge Oteiza o José Sarriegui.

El historiador Valeriano Bozal lo presenta como el más interesante fotógrafo surrealista vasco.

Lekuona realiza pinturas con figuras antropomorfas y orgánicas, minerales en algunos casos, con recuerdos de tierras y piedras. Muchas veces éstas recuerdan a las obras de otros artistas famosos de la época, como Benjamín Palencia y Maruja Mallo.

En cuanto a la fotografía destaca por sus fotomontajes. Utiliza técnicas dadaístas y neodadaístas alemanas con el espíritu sarcástico de los surrealistas y ante todo de Luis Buñuel. La obra fotográfica de Lekuona es un reflejo de su compromiso frente a la vida.

En 1934 volvió a San Sebastián y expuso en "El Kursaal" (museo de arte contemporáneo). Continuó sus trabajos vanguardistas ya algo más alejados de la corriente de la Nueva Visión. Es en esta época cuando sus creaciones cobran una belleza relacionada con la carga emocional. Contenido y continente se funden en una expresión única.

Adelina Moya, profesora de la UNED, describe así sus trabajos: "Los fragmentos de fotografías describiendo líneas rítmicas, equilibrios dinámicos sobre amplios espacios vacíos orquestan sonidos musicales, sensaciones y relaciones imprevistas."


Lekuona murió durante la guerra civil española, el 11 de Julio de 1937, víctima de un bombardeo mientras ejercía de camillero.
 



5/3/12

LA SECUENCIA DE FEDERICO CALABUIG


 A Fede le ha encantado la idea de elegir un secuencia, pero no ha podido resistirse y ha escogido dos:

1.- Es el juego de miradas Julie Delpy y Ethan Hawke en 'Antes del amanecer' (1995), película de Richard Linklater, ganadora del Oso de Plata en el Festival de Berlín a mejor dirección. Es la historia de un joven periodista norteamericano (que acaba de romper con su novia) y una estudiante francesa que se conocen en el tren Budapest-París, entablan conversación y deciden recorrer Viena juntos.




2.-  Cuando Julie Delpy le canta a Ethan Hawke el vals en 'Antes del atardecer' (2004). Es la segunda parte de la historia. Han pasado diez años desde que Jesse y Celine se conocieron en un tren. Aunque prometieron encontrarse de nuevo seis meses más tarde, esa cita nunca llegó a producirse. De nuevo, se vuelven a ver casualmente, pero esta vez en París. Jesse, que está de gira promocionando una novela, la ve entre la gente en una librería. Ella vive desde hace tiempo en París; él, en Nueva York. Jesse inmediatamente decide dejarlo todo para pasar el tiempo con Celine. Así pasan el día en los cafés, en los parques, recordando aquella tarde en la capital austriaca y hablando de sus vidas.

Fede nos explicó porque cogió ambos films.

'Antes del amanecer' es la película que más me ha marcado. Mi interés por el cine empezó en la adolescencia, una noche en la que ponían en la tv ‘Antes del amanecer’ de Richard Linklater con Julie Delpy y Ethan Hawke. Yo tendría unos 13 o 14 años, toda mi familia se fue a dormir y yo me quedé atrapado con la película, sintiendo un millón de cosas mientras la veía, pensando que ya era lo suficientemente mayor como para quedarme despierto hasta que quisiera y viendo lo que me diera la gana. 
Fue como un golpe de madurez de repente. Me marcó muchísimo, me di cuenta que lo que yo quería hacer con mi vida era poder conseguir que alguien sintiera todo lo que yo había sentido viendo esa película y en ese proceso estamos, se ríe mientras me lo explica.

Bueno, y siguiendo con ‘Antes del amanecer’, pasé años buscando la peli sin éxito porque no sabía ni como se llamaba, ni el nombre de los actores, ni nada... pero la película, sus personajes, sus escenas nunca dejaron de rondarme por la cabeza. Muchos años más tarde, en el cine, vi un trailer en el que los personajes me resultaban familiares. Era el trailer de la secuela ‘Antes del atardecer’… y no me lo podía creer. Lloré viendo ese trailer. Había encontrado por fin esa peli que tanto me marcó y, además, iba a tener una segunda parte. Cuando volví a ver 'Antes del amanecer' en DVD me di cuenta que era tan genial como la recordaba.

Fede se encuentra trabajando en el gabinete de prensa de la Generalitat Valenciana, según él es una forma de ganarse el pan. ¡No lo dudamos!
Sin embargo, cuando tiene tiempo libre sigue creando, ideando, escribiendo y dirigiendo. Ahora mismo, se encuentra inmerso en 'Freud', su último corto presentado en el notodofilmfest, esperando a ser finalista. Además, tiene guión pendiente de rodaje ('Tres en un cuarto') pero que por incompatibilidades de fechas con los actores está aparcado hasta dentro de un par de meses.

Si vais por  Valencia podéis ver algunas colaboraciones suyas en la obra de teatro 'Azul #15', que en el estreno ya arrasó, quedando agotadas las entradas de tres días de representación. Se podrá ver de nuevo en mayo.

Podéis seguir sus andanzas en sus blogs: La cinematk de Joe marlango, Pie de foto, y Dear Suzie Marlango.

Seguramente en unos meses le volveremos a tener por aquí, porque se quedó con ganas de más secuencias (y nosotros también).

¡Gracias Fede!


29/2/12

El último (Der letzte Mann, 1924) Murnau.


François Truffaut admitió en una ocasión que los cineastas debían resignarse ante la idea de que, en un futuro, fueran juzgados por críticos que desconocerían las películas de Murnau. 
Su obra, al igual que la de Griffith, Stroheim y Keaton, se inscribe en dentro del cine mudo, a diferencia de Lang, Hitchcock, Chaplin, Eisentein o Dreyer que siguieron durante mucho tiempo realizando películas sonoras. 
El aparente eclecticismo de su obra no ayuda a los amantes de las etiquetas, a pesar de la profunda búsqueda técnica y estética, obsesiva, de la que dan fe cada una de sus películas. En este sentido, se halla próximo a Kubrick, por otra parte tan alejado de sus preocupaciones morales e intelectuales.


Esta obra que hoy nos atañe, para mí es una de las mejores obras de Murnau, históricamente reconocido como el primer film que explotó el movimiento de cámara. Recuerdo la primera vez que la ví, hará unos cuatro o cinco años, en mi primer curso de Dirección de Cine, en una clase que la puerta de entrada estaba de espaldas a los estudiantes, con lo cual, cuando alguien entraba una ráfaga de luz nos cegaba a los que estabamos viendo la película. Tengo que decir, siendo sincera, que la primera vez fue muy dura, creo que sólo cinco o seis estudiantes no estaban dormidos, yo hacía esfuerzos para que los ojos no se me cerrarán. Pasados unos días volví a verla, en mi casa, sola, sin ninguna distracción y poco a poco me dí cuenta de la magnífica película que había realizado Murnau.
Mi consejo es no morir en el intento de verla, hay que verla más de una vez. Si a la primera se te atraganta, prueba un tiempo después, tiene otro color!


Es la historia de  un portero (Emil Jannings) de un prestigioso hotel de la ciudad de Berlín, el Atlantic; es un hombre orgulloso de su trabajo y respetado por todos. Vive aferrado al prestigio que le da su imponente uniforme. Pero un buen día, el gerente le indica que tiene que abandonar su trabajo debido a su edad y es degradado a mozo de los lavabos. Nuestro hombre intenta ocultar su nueva condición, llegando a robar el abrigo para volver a su casa y que nadie se entere. Pero todo se descubre y su mundo se derrumba.

 Fue la UFA, la productora del film, que a través de Erich Pommer (el más importante de la cinematografía alemana) reunió a lo mejor de lo mejor creando un equipo de técnicos y artistas inimaginable: F.W. Murnau; Carl Mayer, el guionista de más prestigio de la UFA que había trabajado en gran parte de las mejores películas realizadas en la época; el papel protagonista recaía en el actor más reputado de Alemania, Emil Jannings; y finalmente el cámara sería el profesional e imaginativo Karl Freund, quien jugó un papel importantísimo en el resultado final de la película.

El guión, inspirado en el relato "El Abrigo", de Nikolai Gogol, lo escribió Carl Mayer, uno de los mejores guionistas de la época. Su intención era culminar la trilogía de Lupu Pick (famoso actor y director alemán del período mudo) iniciada por ‘El Raíl’ (1921) y ‘Silvester’ (1923). Esta trilogía se inscribe dentro del movimiento llamado “Kammerspielfilm”, denominación que surge a partir de "Raíles" pero que procede del teatro. El llamado teatro “Kammerspiel”, que literalmente significa teatro de cámara, fue un tipo de teatro intimista, sin gestos ampulosos, por el que bregaba, especialmente, Max Reinhardt, otra personalidad muy influyente tanto en el arte escénico como en el cine de la Alemania de aquella época. Se trataba de darle a un número no muy grande de espectadores una función intimista donde las sensaciones se magnificaran, donde la actuación fuera contenida aunque reconocible y la iluminación estilizada. Del teatro, el “Kammerspiel”, pasó al cine de la mano de Lupu Pick y Carl Mayer. Se intentó dejar atrás personajes grandilocuentes y la estética poco realista del expresionismo para dar lugar a la representación de pequeños problemas humanos, dramas psicológicos, realistas, con pocos personajes, con situaciones ordinarias y en ambientes corrientes. 
"El último" es el punto cúlmine de esta corriente y, a la vez, una muestra de los últimos coletazos del movimiento expresionista.

Pero algunas desavenencias surgidas con Pick hicieron que Pommer, el productor, confiara el proyecto a Murnau.

Murnau y Mayer querían que la película acabara con el portero muriendo en los lavabos, pero la productora (algunas fuentes dicen que Jannings también influyó en el cambio), por motivos comerciales impuso un final feliz. Este final hay quien considera que refuerza la historia.

Es una obra cargada de simbolismos, como por ejemplo, el enorme cuerpo del portero, esa figura grande, viejuna y desarreglada, fatigada por las constantes humillaciones, asfixia al espectador y comprime su espíritu. O la puerta giratoria de la entrada del hotel se identifica con un mundo en constante cambio, sin pausa, un mundo en que igual estás dentro como de repente te ves fuera. La puerta que da acceso a los lavabos, en cambio, es una puerta oscilante, la cual podemos asimilar con la inestabilidad del personaje cuando pierde su empleo.

El cargar de significación los objetos, el convertirlos en símbolos, es otra característica de los “Kammerspielfilms”. El portero no es un hombre, sino todos los hombres, o más específicamente cierta clase social oprimida; el uniforme representa el poder, la autoridad, el status; y la puerta giratoria es el devenir de la vida, sus altos y bajos. 

En el rodaje se emplearon dos cámaras, una Pathé industrial y una Stachow, con las que se rodaron numerosas tomas destinadas a montar al menos tres negativos distintos.
Uno destinado a la exportación para la distribución de la película en el extranjero, con tomas de peor calidad, más lentas y más largas. Planos demasiado abiertos en momentos cumbre, fallos técnicos, etc. Esta copia llegó, entre otros lugares, a Inglaterra, España, Italia y Francia.
Otro negativo se destinó a EEUU y otro a Alemania. En general, las mejores tomas se aprovechaban para la copia alemana. En la copia de EEUU se hizo un montaje alternativo de algunas escenas, más estático, ya que sólo quisieron mostrar movimientos de cámara perfectos a sus competidores de Hollywood.
La gran novedad fueron los movimientos de cámara. Al nuevo sistema de rodaje se le denominó “La Cámara Desencadenada” (“Die entfesselte Kamera”).

La cámara, en ocasiones, nos ofrece un punto de vista subjetivo, vemos lo que ve el protagonista. Se introducen efectos visuales para representar la alteración del estado psicológico y la pérdida de seguridad del personaje.
Se usaron, en algunos planos, vidrios untados con vaselina para producir imágenes turbias. Dejando una parte del vidrio limpio y moviéndolo, se lograba que la imagen se volviera nítida.
También se mueven lentes ante el objetivo para distorsionar la imagen. Por ejemplo, en la toma del sueño una lente se movía al ritmo de los pasos de Freund, que llevaba la cámara en mano.

Freund usó su cámara Stachow de 8 kilos de peso, a la que puso un visor deportivo y un motor. Se la ataba al cuerpo con correas para seguir al actor. Por primera vez el espectador se adentraba junto con el actor en el decorado.

Para algunos movimientos se diseñaron complejos sistemas.
Se construyó un puente sobre el decorado, de donde colgaba un soporte de cámara, la cual manejaba Baberske (de menor peso que Freund). Este método lo usaron para conseguir el efecto de “sonido volador”. La cámara seguía el sonido de una trompeta o las voces de las vecinas.
Se usó una plataforma móvil para rodar la borrachera del portero; la cámara atada al pecho para tomas subjetivas; una plataforma con ruedas de caucho para algún travelling; hay quien habla también del uso de bicicletas y carritos de bebé...

El dinamismo de la cámara contrasta con algunos planos estáticos objetivos que hacen que el proceso de degradación del personaje quede magnificado.

Grande es la secuencia inicial de la película  en que Karl Freund rueda la presentación del espacio y el protagonista con un travelling que dejó boquiabierto al público del momento: la cámara desciende por el ascensor del hotel y atraviesa todo el vestíbulo hasta llegar a la entrada, donde pasa por la puerta corredera y filma admirativamente al portero descargando maletas. Este tipo de travelling tan dinámico era algo prácticamente inaudito y constituía el tipo de truco que dio al cine alemán la fama de ser técnicamente superior al de Hollywood, capaz de realizar hazañas con la cámara impensables.

La cámara comienza a moverse desde los primeros minutos y nunca dejará de hacerlo, dotando a la película de un ritmo único y sin precedentes porque, aunque este tipo de travelling fue utilizado por primera vez en 1913 por Pastrone y su operador Chomón en la película italiana "Cabiria", no poseía la significación que adquiere aquí. En "Cabiria" el travelling se usa con el sólo objeto de dar cuenta de la fastuosa escenografia, en "El último", en cambio, la cámara es el personaje, revela sus emociones y nos regala la posibilidad de sentir lo que él siente. Esta movilidad total de la cámara, que los alemanes llaman “cámara desencadenada”, además de revolucionar la técnica en procedimientos cinematográficos, le confiere a la obra un ritmo vital a contrapunto de la atmósfera opresiva que enmarca el drama psicológico, el cual sería muy difícil de soportar sin la fluidez de estos movimientos. 

La idea de descenso social, como consecuencia de la pérdida del uniforme y el relegamiento a ocuparse del baño de caballeros del hotel, está simbolizada constantemente. La hallamos en ese ascensor que baja en la primera escena, en los edificios que parecen derrumbarse encima del portero, en la escalera que se debe descender para llegar al baño, el nuevo puesto de trabajo del protagonista, en las tomas en picado con las que se filma empequeñeciendo el cuerpo de Jannings a partir de su destitución, en las puntas de su enorme bigote que desde ese momento ya no se encuentran hacia arriba.

Hay que destacar también otra secuencia magnífica, es el sueño embriagado del portero en que fantasea con que vuelve a su trabajo y consigue no solo descargar todos los equipajes de los clientes del hotel, sino que los maneja juguetonamente como si no pesaran nada. Este momento onírico está lógicamente recreado con un estilo más expresionista y difuso, reflejando no solo que se trata de un sueño sino el proceso de confusión mental por el que está pasando. Distorsiones ópticas y el pasaje onírico/embriagador en el cual Emil Jannings se tambalea borracho, acentuando de manera absorbente y realista las emociones de su personaje, para ello Freund se colocó la cámara en su pecho mediante un arnés, mientras mimetizaba el proceso interno del caracter observado.
 
Murnau juega constantemente con la iluminación y la oscuridad, con sombras recortadas en paredes, con puertas que se abren y se cierran dejando ver poco o mucho según el momento, con lo brilloso y lo opaco, con la luz que desprende una linterna. Crea un clima agobiante que se intensifica cuando llegado el epílogo feliz todo es iluminado con mayor claridad.



Cuando se rodó "El Último", Emil Jannings sólo tenía 40 años, por lo que se tuvo que someter a un cuidado proceso de caracterización realizado por Waldemar Jabs. Se dedicaban más de dos horas diarias a este proceso.
A Jannings lo rodean varios secundarios que acompañan perfectamente. Entre otros, Maly Delschaft (la sobrina), Emilie Kurz (la tia) y Georg John (el guarda nocturno).

Los impresionantes decorados urbanos, construidos en los terrenos de los estudios Neubabelsberg de Berlín, corrieron a cargo de Robert Herlth y Walter Röhrig, que llevaron a cabo un trabajo realmente espectacular. Hicieron croquis de todos los planos, y los llevaban al rodaje.
En esos dibujos, para los que contaban con indicaciones de Murnau y de Karl Freund, figuraba absolutamente todo: decorados, iluminación, encuadres, movimientos de cámara (ver fotos del final del artículo, a modo de ejemplo).

En cuanto a la música, para la versión alemana, se confió la composición a Giuseppe Becce, bajo indicaciones del propio Murnau. Se introdujo una pieza de la ópera Andre Chenier  que trata un tema parecido, como guiño para espectadores cultos.
En EEUU, la música la puso Hugo Riesenfeld. 

Por cierto, la película no tiene intertítulos. Murnau eliminó gran parte de las cortinillas explicativas porque las consideraba "un recurso excesivamente literario, que ralentizaba el ritmo general de los filmes y restaba expresividad a las imágenes". La ausencia de intertítulos, que era otra de las características de los “Kammerspielfilm”, en este largometraje en particular produce una inigualable fluidez en la narración. El único intertítulo que posee es el que precede al epílogo y no hace otra cosa que remarcar el carácter paródico y burlón de ese “happy end” al estilo americano. 
Sobre esto Siegfried Kracauer escribió: “El carácter de farsa de esta secuencia final corrobora el título introductorio, en cuanto éste expresa el descreimiento del autor en un final feliz que implique categorías tales como el azar y la buena suerte”. Presenciamos en esta película la confluencia de todos los recursos que el cine silente supo adquirir a lo largo de poco más de dos décadas. "El último" no tiene intertítulos y no los necesita.


"El arte, el arte auténtico es simple. Pero la simplicidad exige lo máximo de arte. 
La cámara es el lápiz del realizador. Debería tener la mayor movilidad posible a fin de registrar la más figurativa armonía de atmósfera. Es importante que el factor mecánico no se interponga entre el espectador y el film" F. W. Murnau (Ludwig Gesek: Gestalter der Filmkunst, Viena, 1848)


"Simplicidad, más y más simplicidad: he aquí cuál debe ser el carácter de los films del futuro... nuestro esfuerzo ha de tender hacia la abstracción de todo lo que no sea verdadero cine, hacia la exclusión de todo lo que no pertenezca al verdadero patrimonio del cine, de cuanto sea trivial y proceda de otras fuentes: recursos, moldes vulgares provenientes del guión o del libro. Pues esto es lo que le ocurre a un film cuando logra alcanzar el nivel del gran arte". F. W. Murnau